sábado, 27 de septiembre de 2008

Crisis financiera.-




- Buenas, verá señor director del banco. Venía a comentarle unas cosas sobre mi hipoteca y demás asuntos relacionados con mi economía doméstica.
- Sí como no, siéntese, como ve usted estamos muy ocupados, iremos directo al asunto para ahorrarnos tiempo, que como bien sabrá antes se decía que era oro, ahora se dice que el tiempo es petróleo. Bien. El asunto es muy sencillo, son malos tiempos para todos, vuelva a leerse las condiciones de su hipoteca. Como sabrá no está en mis manos...procure estar atento a su saldo y no deje de pagar todos los meses...porque estas cosas cuando se complican no están en mis manos... comprende???...
- Si, claro, si no pago inician de oficio tramite y me subastan la casa. Es así???...
- Bueno sí, pero claro no tiene por qué ocurrir...tranquilícese no???. Tómese un caramelito de menta para aclarar su voz.
- Ya...comprendo...no se preocupe señor director...buenos días y hasta la próxima. Que tenga un buen día...

El día era gris aunque el calor sofocante, un día de esos en que el bochorno golpea lentamente. Tragó saliva, no sabía como explicar a su familia que seguramente en pocos días se quedarían sin casa. El director lo había dejado claro. El proceso se iniciaría sin remedio, sin marcha atrás.

Al mismo tiempo en otro lugar de esa misma ciudad la conversación era parecida.

- No te preocupes Espencer, tenemos a los compromisarios atados por las pelotas.
- Pero es seguro?...en las noticias parece que no quieren soltar la pasta.
- Bueno es normal tienen que polemizar para quedar bien con sus votantes. Pero al final el sistema soltará los dólares que hagan falta. No podemos permitir que los bancos salten por los aires. Uno de los primeros es el nuestro...recuerdas???...
- Ya. Esperemos que así sea. Hay mucho en juego... por cierto y se va a buscar una salida para los usuarios .
- Los usuarios???...quienes son los usuarios???...relájate...tómate tu combinado...es momento de salvar la institución y de empezar a comprar propiedades.


El aire se recalienta, la tarde va dejando paso a una noche incierta. Unos sudan por el miedo que va empezando a ser colectivo mientras otros se frotan las manos. Sus ojos brillan como cuchillos al rojo vivo. Sobre la ciudad corren las hojas de los periódicos anunciando que la crisis va en serio.


El vecino del 4º


posdata: estaba en mi ventana y el viento me ha traido estas palabras envenenadas...no siempre veo jazmines y azucenas...sorry...así es la vida...

jueves, 18 de septiembre de 2008

Amantes desaparecidos.-



...hay un vieja leyenda que cuenta que un día el mar y el río marcharon juntos de la mano para descubrir el mundo, para intentar saborear su amor imposible...anduvieron por muchos parajes, conocieron reyes, se mezclaron con el pueblo llano...hasta que al final llegaron a un hermoso desierto...cuentan que quedaron enamorados de tanta arena seca y ardiente... que decidieron quedarse allí para siempre, para pasar desapercibidos, sin tener que dar explicaciones...ellos, mar y río, enamorados imposibles, se enterraron para siempre entre las arenas de algún lugar desconocido...



el vecino del 4º


posdata: ...cuentan que en noches de luna, si se está atento, se escuchan gemidos entre las arenas de los desiertos, suena cómo música de amantes...

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Se fue.-



Se marchó de casa para siempre para evitar volver a sacar ninguna bolsa de basura más. Un polifacético artista como él, un poeta de las partituras, un delicado violinista. Sus amigos siempre bromeaban con él, cada vez que se reunían en su mansión para aquellas veladas interminables y tan enriquecedoras. En el fondo le admiraban, un tipo extraño, peculiar, introspectivo pero sociable. Dominaba varios instrumentos, era excelente en las esculturas de granito, fundía como nadie el bronce, sus fotografías habían recorrido el mundo varias veces, alguna de sus novelas habían saltado las barreras comerciales. Tenía tiempo para todo y sin embargo sus amigos bromeaban con él con un asunto recurrente y con aparente poca importancia.


- No puede ser amigo - le repetían una y otra vez- un tipo que puede llegar a tantas cosas, que domina tantas artes... ¿cómo jamás a sacado una bolsa de basura a la esquina de su casa?. Es una experiencia enriquecedora. Pruébalo.

- Ya sabéis. Mamá nunca me encomendó tareas o responsabilidades de ese tipo.

Las risas y el eco se mezclaban con la tenue luz de las velas. Un discreto olor a habanos se mezclaba con el sándalo encendido en lugares estratégicos. Licores variados y montones de hielos junto a pasteles exquisitos que apenas eran tocados. Una mesa abarrotada de comensales, que recordaba a siglos anteriores, presidida por un tipo incomodado por la misma broma de siempre.

Los últimos invitados se marcharon poco antes de las cuatro de la mañana.

-Tomás, por favor, prepárame una bolsa de basura con algunos restos de esta noche. No la cargues demasiado. Es mi primera vez.

Fue todo lo que dijo a su cómplice, viejo amigo y mejor mayordomo que jamás uno pudiera imaginarse.

- Muy bien. Como quieras. No creo que te hayas perdido demasiado en los últimos cuarenta años.


Esa fue la última noche que lo volvieron a ver.

Yo por mi parte sigo recogiendo cartones en las noches de luna llena, es cuando mejor trabajo. Además también sigo viviendo cerca del vertedero de mi podrida ciudad. Sólo que últimamente algunas noches alcanzo a escuchar bellas melodías de un viejo instrumento. Puede que no entienda nada de música pero ese violín se me ha metido en el alma. He, además, notado como si una mano invisible modelara cada noche ,extrañas, pero fascinantes esculturas con los restos que los camiones vuelcan sin demasiadas contemplaciones. En el suelo a veces he llegado a leer poemas compuestos con botellas de cristal y cartones de leche. Quien diría que las musas también pueden habitar en un lugar tan infecto como este. No tengo dinero para ir al psicólogo ni quiero dejar de beber. Se además que no podría contárselo a nadie, quién me creería. A mí total me importa todo bien poco. Para mañana tengo suficientes reservas de comida, tabaco y bebida, que como está la cosa no voy mal.


Espero que esta noche la música me vuelva a ayudar a conciliar el sueño.






El vecino del 4º




Posdata: Desde mi ventana además de amantes que se entremezclan en sus jugos y deseos también se ve el mundo de cerca con detalles más indigestos...Amor, azucar, tragedia y locura...tenemos de to...

viernes, 29 de agosto de 2008

Caminos nuevos, viejos caminos.-




En este universo estival de la fantasía he viajado desde un lugar sin nombre, antiguas tierras que decían de “Conquistadores” , hasta un universo nuevo, un lugar de viejas tierras de olivos centenarios junto a otros más jóvenes. Sin embargo hay muchas cosas que me recuerdan mi anterior vida. Los amantes también se buscan entre las sombras y en las noches de luna llena sus aullidos me siguen poniendo los pelos de punta. Por otra parte cuando amo sin control siempre creo que no terminará nunca el instante en el que tu cuerpo no es tuyo estando dentro del otro. Tus sentidos no se pueden controlar y el fluido escapa a tus deseos, tus sueños y tus anteriores experiencias. Cada vez que amas como un animal primitivo, si no encuentras algo nuevo, la cosa, tiene poco sentido, creo. Algo mecánico que sólo se repite una y otra vez puede que deje de tener sentido. En cambio un juego eterno de descubrimientos, dónde reconozco que hay quien pueda pensar que no hay nada por descubrir, a mí me sigue fascinando. Qué le vamos a hacer...yo sigo apostando descubrir entre la nada y el infinito...

Estos días el viento solano acorrala a las plantas, a los animales y a los homínidos nos vuelve más despistados, recelosos, lentos y pendencieros. No hay manera de ver musas ni poetas con viento solano. Ni siquiera dejando un vaso con hielo picado, ron y azúcar de caña y un poco de hierba buena bien golpeada. Dicen que falta poco para que venga el reponedor viento ábrego. Que así sea. Esta sensación de dormir entre el fuego de la noche y el viento ardiente hace que los cuerpos caminen sin rumbo cierto, sin deseos, sin sueños de esos que alivian los males del alma.

Abro la ventana y cienes y cienes de olivos me miran, veo entre sus hojas cuerpos desnudos que se insinúan sin reparos abiertamente. Sus lenguas danzan a plena luz del día y en un instante la danza del viento se mezcla con la pasión de los cuerpos juguetones. Una mancha de aceite me resbala por las mejillas, la emoción me puede. Y en las tierras de Andalucía qué otra cosa se puede llorar que no sea aceite virgen de la almazara más próxima. Mis pies se asientan sobre las señoriales tierras de Canena, nacida de Jaén y en el corazón de los olivares más mimados del universo que conozco. Las mujeres tienen unos labios carnosos, unas miradas entre el fuego y el hielo distante, sus cuerpos se esculpen sobre caminos de romero y menta. Besan con un ligero sabor a menta y anises molidos. Si bebes en sus fuentes eternas ya nunca más vuelves la mirada ni al mar ni a otros ríos.

Paseo entre el polvo del Sur y los sueños de las palabras que me invitan a seguir guardando algunos secretos inconfesables. Mi memoria a veces es infinita, a veces sólo le caben unas escasas palabras: Sus labios, sus caderas, sus cabellos, sus silencios por debajo de sus gemidos.

Veo al fondo del camino que viento cambia de dirección.

Ábrego que tanto te esperan, dales los que les quitó el solano.


El vecino del 4º



Posdata: un recuerdo especial a ustedes las que habitan en el Sur: Mariquilla, Gata, Coco, y mucha más gente que olvido, mi memoria flaquea con el calor, seguro...

jueves, 24 de julio de 2008

Espejismos urbanos y veraniegos...




...Abrí anoche las ventanas, primero una y después de una en una hasta abrirlas todas...no conseguí arrarcarle a la madrugada una brizna de viento... el calor me quitó la visión nocturna desde mi refugio...dentro de mi garganta noté que corrían cientos de caballos árabes buscando el mar... "a galopar a galopar hasta enterrarlos en el mar". Busqué agua dulce, para calmar su loca carrera. El calor es una pesadilla que alfombra toda la ciudad en pocas horas. Y cuando viene y se instala no hay manera de librarse. Aún me resisto a acondicionarme con aire acondicionado. Aún sigo reflexionando en ríos de sudor que corren si merece la pena resistirse y perecer entre el fuego y el infierno. Total son cuatro días. Total si te pones debajo del agua es como si el mundo se restituyera inmediatamente por al menos unos instantes.


Esta mañana me he levantado, camino descalzo y desnudo entre el asfalto, los coches y las vías del tren. La ciudad está respirando con dificultad como si fueran sus últimas horas. A nadie parece importarle. Que diferencia hay entre inhalar más ozono del permitido que atiborrarse de nicotina en los lugares permitidos por cualquier decreto. Y los que no salen de casa, y no fuman pero le dan a un recetario amplio de pastillas de todos los tamaños y colores???... En fin...En la ventanilla me dan el recibo, me subo al tren y veo que los labios de quienes me rodean se mueven lentamente, no escucho sus conversaciones, parece que cada uno habla en un idioma particular. Cada uno con una bandera en su corazón. Un pasaporte. Una nación en cada asiento de este tren que me lleva al final de una estación que no tiene nombre.


Tras el primer café, tostada crujiente y aceite de Jaen-Jaen empiezo a ser consciente que ya no existo. Ya no estoy aquí. Viajo a la velocidad de la luz divina que me transporta a mis putas y merecidas vacaciones. Mi jefe se podrá apoderar de mi jornada, de mis objetivos, de mis gestiones, de mi mesa con su puto PC, puede que oficialmente aún no pueda transpasar la frontera. Pero no estoy aqui. No escucho. No veo. No siento. El sol no dejará marcas en mi rostro. Abro mis labios y el agua renueva mis sueños sin pedir permiso.


Cada vez que llega esta época siempre tengo la sensación que jamás volveré. Ser parte de una cadena-laboral, un horario y una nómina tiene tantos inconvenientes que aún no entiendo qué hago aquí.


Sólo me queda pensar en sus caderas brillantes, redondeadas, su mano se estará deslizando disimuladamente hacía el centro de sus deseos, recordando el último revolcón de hace apenas unas horas. Sus pechos en esta época saben a melocotón. También me gustan cuando saben a naranja. Sus labios dibujan en el horizonte la lujuria que me permite entrar y salir de este despacho infinito. Sin sus fluidos entre mis dedos no podría teclear ni un solo informe, ni una sola cita. No conquistaría la cima cada día de vuelta a casa. Ni yo ni mi entrepierna despierta ficharemos hoy a la salida. Y aunque lo hagamos seremos otros porque ya NO estamos aquí. Y lo peor de todo si acaso vuelvo después de las vaciones, no seré yo. Pero nadie se dará cuenta de nada.



El vecino del 4º




jueves, 17 de julio de 2008

Cuarto tiempo y final.-




CARTA A QUIÉN SABE NADIE.
QUIÉN SABE POR QUÉ.

A/A : Sin destinatario concreto.
DE: El vecino del 4º.


No puedo creer que esté escribiendo una carta dirigida a no sé quién. A un destinatario desconocido, indefinido, inconcreto. No encuentro la necesidad ni la explicación, pero aquí estoy pegado a las teclas de mi PC. Y por lo que veo no puedo parar. Así pues, me dejaré llevar hasta el mismísimo lugar o persona desconocido que sea.

Mediante la presente me dirijo a usted para contarle mi situación concreta. He realizado un descubrimiento sorprendente y del cual me siento gratamente recompensado y un tanto ruborizado.
Creo que es sabido por todos que existen múltiples y casi infinitas maneras de llamar a una cosa u acción con muchas y diferentes palabras. En concreto a mi memoria se me vienen unas cuantas palabras o frases tópicas para hablar del mismo asunto: “marcha atrás”, “coito interruptus”, “aquí te pillo aquí te mato”, “polvo fugaz”, “ya???, pues vaya”, “hasta el infinito y más allá” (está quizás sea otra cuestión, no sé)… En fin que amar, hacer el amor, aparearse, rozar la cebolleta y cosas mil variadas tienen frases y expresiones de sobra conocidas por todos. Ahora no nos hagamos ni los estrechos ni los novatos.
Otra cuestión importante sobre el asunto es el tiempo del lance. Con y sin incluir prolegómenos, devaneos, retiradas a tiempo y demás adornos previas a o entre y el final. En definitiva no hay dios que se ponga de acuerdo en cuánto tiempo es el ideal. Todo el mundo coincide en lo genérico, ni mucho tiempo ni poco. No existen reglas fijas. Incluso con datos objetivos y matemáticos de otros asuntos, sí, cantidad por ejemplo, no hay manera de ponerse tampoco de acuerdo. Se cruzan criterios y preferencias, veinte centímetros no son siempre veinte. Calidad frente a cantidad es un argumento que va y viene. En fin. Caminos inescrutables y designios del señor infinitos que no nos terminan de poner de acuerdo en nada o casi nada sobre y referido al sexo. He dicho sexo???…sí, quería decir sexo desde el principio de mi epístola. Así es. Me siento mejor. Prosigo.
Por todo esto, y anteriormente referido, no quiero hablar de tanto tópico. Quiero contarle una experiencia singular, al menos para mí. La cosa había empezado bien. Pactamos, porque estas cosas si se pactan mucho mejor. Pactamos ella y yo que sería rápido. Alguien tenía que llegar a casa a lo largo de la mañana.

- Mejor uno rápido ahora. Y uno tranquilo a la noche.
- Hecho, mejor uno fugaz que ninguno.

Estábamos en ello, ese arranque fugaz, ese instante que siempre parece poco e insuficiente, pero tan ansiado…no concluía, excelente, no sería tan fugaz-fugaz…pero cuando estábamos casi al final sonó el timbre y con extrema rapidez aparecimos visibles ante la visita esperada. La cosa se fue liando y no hubo manera de terminar lo empezado. Un tiempo. Más tarde, ya pasada la hora de la comida, con juegos de miradas cómplices ambos sabíamos que se acercaba esa hora mágica dónde muchas cosas se reconcilian y se reeencuentran entre la piel y los deseos. La mágica siesta sería nuestra oportunidad de cerrar un círculo inconcluso. Al menos eso pensamos. No fue posible, una, dos… y hasta tres llamadas del teléfono. Los vecinos llamaron para avisar que cortarían el agua. Quién quería beber agua en esos momentos, después sí, pero con los cuerpos entrelazados, fusionados, abrasados…Nada no hubo manera de terminar. Segundo Tiempo. Tomamos un té helado entre risas y guiños. Total la noche estaba cerca. El pacto seguía vigente. Sería cuestión de tomárselo con calma. Toda la tarde y parte de la noche que se acercaba fue un continúo esperar, un rozo y cruzarse entre los pasillos de la casa sabiendo que había algo que aún no había acabado, que estaba por llegar, como muchas otras veces pero esta vez se había mantenido en el aire de una manera distinta.
Ya sin tiempo de por medio. Sin prisas. Sin metas previas. Los cuerpos se envuelven con esa lentitud ceremoniosa, esa actitud de mezclarse para saborear hasta el último instante previo al goce final. Me estaba gustando. Ella y sus gemidos hablan el mismo lenguaje de compensación en el goce compartido y acordado. Pero no llegaba el final para ninguno de los dos. Por increíble que parezca sonó el teléfono con tanta insistencia que no pude resistirme a cogerlo envuelto en una mezcla increíble de sudor y fluido variado. El tío estaba en urgencias. Tuvimos el tiempo justo para decir si, tomar dirección, coger la cartera, las llaves y alguno de los móviles. Pasamos una noche en vela rodeados de máquinas y ruidos. Nuestras miradas se entrecruzaron miles de veces, no pudimos dejar escapar alguna mueca de complicidad. Tercer tiempo inconcluso. Esto empezaba a ser un destino???…
Cuarto tiempo y final. Al volver del hospital. Una vez que llegamos a casa. Ya sabíamos que lo del tío no era tan grave. Los móviles apagados. La puerta cerrada con todas las vueltas. Los móviles cerrados, fuera de cobertura o en silencio eterno, puestos boca abajo y sin mirarlos. Voló la ropa, con alas de deseos incontenidos. Los labios buscaron a los labios, las manos arañaron el aire, entre risas y gemidos allí mismo, contra la pared, sin recorrer un centímetro más. Cuarto tiempo y final. Explosión. Mas de cuarenta y ocho horas para terminar “mejor uno rápido que ninguno” que dijimos el día anterior. Contando así alguien podría imaginar insatisfacción o cosas peores. Pues no. Al contrario. Por eso le dirijo esta carta a usted, sea quien sea, esté dónde este. Es posible que el cúmulo de circunstancias jamás vuelva a repetirse. Pero le confieso que ha sido increíble. Probablemente también irrepetible. Quién sabe. Yo por si acaso se lo cuento. Estoy incluso hasta por registrar el incidente, por si fuera un invento o algo.

Sin otro particular, quedo a su disposición.
Atentamente su querido vecino del 4º.



Posdata: no hay posdata...



viernes, 11 de julio de 2008

Chesterfield Town.-




He logrado estar todo este año estudiando ingles y auque no sé aún si he aprendido algo, lo cierto es que me ha servido para escaparme de mi barrio por unos días. El avión no es mi preferencia para moverme, pero es lo más rápido. Cerrando los ojos al salir y al llegar al destino, todo lo demás es como si no tuviera importancia. Creo que he viajado en grupo, pero como siempre es como si hubiera estado la mayoría del tiempo sólo con mis fantasías y esos personajes que van entrando en mí sin apenas darme cuenta.

Hemos llegado al hotel con ganas de patear calle, de practicar el idioma, de hacer amistades. Venía buscando el calor de las voces desconocidas y ha sido la arquitectura la primera que me ha atrapado. Esas casas centenarias que cuentan historias en silencio, esos suelos empedrados suaves por el desgaste del agua y los viandantes. Esas pequeñas iglesias rodeadas de lápidas centenarias. Y todo tan verde. Veo tanto verde junto, jardines milimétricamente podados, árboles inmensos, más que centenarios, un aspecto tan delicadamente conservado que el alma se me alegra al instante, sin embargo las gentes de aquí no parecen alegres, en sus caras es como si escondieran miedos milenarios y desconfianzas pasadas. Sus rostros blanquecinos les da una cierta apariencia de débiles y enfermizos. No parecen saber reír a pierna suelta. Intento tomar notas en el papel, pero no puedo evitar echar mano de la cámara de fotos, el primer día estoy tan nervioso que me dejo llevar hasta perderme. Mis pies mandan.

Sin apenas darme cuenta la noche me ha sorprendido, delante de un viejo Pub, “Captain Morgan”, mis pies no pueden evitar subir unos escalones. El olor a cerveza de barril es penetrante, la música alta suena Bon Jovi. En la barra una inglesa trata de entender que quiero una pinta de Guinness, es lo más sencillo para empezar. Un lugar casi vacío, amplio, con ese color de que el tiempo por aquí ha pasado dejando huellas, una mesa de billar dónde juegan dos muchachos demasiados jóvenes sin sexo definido a primera vista. Juegan con las bolas rojas y amarillas, sorteando la negra y golpeando con la blanca. Entre bola y bola se rozan y se miran con ojos felinos. En este antro tardan demasiado en tirar una cerveza, había olvidado que la cerveza negra se sirve sin prisas, sin demasiada temperatura y sin aperitivos. Me da tiempo para ojear, hay libros antiguos en un rincón, y un viejo piano cerrado a cal y canto. De Bon Jovi los acordes dan un salto y de repente suena el Muro de Pink Floyd. Contundente, es como si la luz en el local bajara, a mis espaldas un escalofrío me hacen girar la mirada. Un joven con el pelo despeinado de estudio abraza a una chica con unos pechos exultantes. Se funden en un beso de lenguas profundas, ella afectada por el alcohol apenas atina a meter la mano en la bragueta de él. El busca bajarle el pantalón con prisas, atropelladamente. La barra del bar está solitaria, y yo es como si nadie me estuviera viendo. Han debido aprovechar que la camarera habrá ido al servicio. El pantalón de ella ha caido sobre el taburete, sus piernas se enrollan en el torso del joven, el minúsculo tanga cae al suelo de un solo tirón. El empuja, casi con espuma en la boca, jadeando mientras el Muro suena cada vez más alto. La bola negra se ha colado por la tronera antes de tiempo, uno de los dos jugadores salta de alegría y el otro se retuerce de dolor. La pareja de fuego ha llegado al final de un encuentro de apenas dos minutos.
Creo que la camarera me pregunta que si voy a tomar algo más para evitar preguntar qué ha pasado en su ausencia. Señalo el ron del Capitán Morgan, sin hielo, doble.
Este lugar me va a gustar.