
Creo que es tarde. Como casi todas las noches. No importa, ni tengo prisa ni mañana madrugo. Al otro lado de la puerta alguien golpea sutilmente.
-Si tapas con tu dedo la mirilla no se si te abriré la puerta. Quién eres?...
El silencio es toda respuesta. Un olor irresistible me atrapa. Como si unos gemidos que sólo yo escucho me invitaran a abrir. Ahora no golpea la puerta, la acaricia, lo siento con toda claridad como si me recorriera todo el cuerpo una mano suave, sensible, cautivadora e invisible. Me excita sin que pueda evitarlo. Entra en mi cuerpo para mezclarse con mis más ocultos e inconfesables deseos ancestrales.
- Quién eres?...mi última amante?...mi musa preferida?...mi último deseo?...lo que siempre he esperado?...mucho más que todo eso???...Dime algo...
Nada más que silencio. Todo se detiene. Un segundo se me hace infinito esperando una respuesta.
A la mañana siguiente, mi primera impresión es que mi último sueño tendré que contárselo a alguien para buscarle alguna explicación porque los psicólogos están demasiado caros. Al abrir los ojos para empezar el día sobre una de mis manos tengo un pañuelo blanco, bordado, por momentos me sobrecoge el hallazgo aunque su delicado tacto me reconforta y cautiva. Tiene dibujados unos labios con carmín. Sobre mi mesita de noche en un vaso a medias de agua hay una rosa roja que tiene dibujada, en uno de sus pétalos, una luna.
Humedezco mis labios como si fuera a decir algo, aunque soy consciente que estoy solo, me paso las manos por la cabeza un poco para colocarme el pelo, un poco para intentar aclararme. Creo que necesito un zumo, un café y algo dulce.
El vecino del 4º
posdata: no hay más camino que el que se anda ni más fantasía que la que se vive...en todo caso... siempre nos quedarán los sueños...





