jueves, 26 de noviembre de 2009

princesa azul




Ella está sentada frente a una ventana, intentando mirar más allá de sus miedos. En realidad vive arrodillada, arrinconada, atropellada sin que nada ni nadie se percate.


- Soy un desastre, no llego a tiempo a nada, no puedo con todo y además nadie me entiende. Nadie parece darse cuenta que detrás de este maquillaje hay heridas invisibles que duelen más y más, cada día, cada segundo.

- Mamá, mamá qué estás haciendo???...

- Nada hijo, pensando en mis cosas...

- Estás más guapa que la princesa del cuento que hoy nos contaron en el cole.

-Hijo, no hagas caso a tu madre...ellas siempre piensan en tonterías, anda ven y acabemos el partido en la consola, que mañana lo veremos en el palco como dos campeones.

Una princesa azul, disfrazada de mamá buena, bella y silenciosa. Invisible para el resto del mundo, con una sonrisa frágil y quebradiza. Encerrada para siempre en una caja de muñecas con ventanas de cristal y acero. Encerrada en una cárcel de oro, con temor a que cualquier día será arrojada a un rincón como un juguete roto más.
Piensa en sus cosas y mientras, el alma que no encuentra, que no sabe dónde está, le duele más que si la hubiera vuelto a golpear por pensar en sus cosas.
El día es soleado, las calles ondean pancartas, en la radio alguien teoriza, con berborrea exhultante, sobre los malos tratos, sobre la violencia de género... Ella mientras, clava sus ojos en el horizonte en busca, tal vez, de un agujero negro que la transporte a un mundo sin príncipes azules.

El vecino del 4º


posdata: violencia de género=tolerancia cero.

martes, 17 de noviembre de 2009

fruta fresca...

Se cruzaron sus miradas mientras ella pedía zanahorias, limones y unas patatas, pequeñas, de las de cocerse enteras y con piel para después incorporar a una ensalada.
El esperaba su turno, como si estuviera en otro lugar, mil kilómetros más allá de una conversación, que le parecía como siempre, aburrida, lenta y endiabladamente repetitiva. Parece que siempre se habla de lo mismo, y la gente no se cansa. Aunque al mismo tiempo, siempre se esté pensando en otras miles de cuestiones.
No llega el otoño este año, y cuando llegue nos quejaremos todos. El gobierno tiene la culpa de todo lo que pasa, incluso de lo que vaya a pasar, o de lo que aún no ha pasado. Qué poco le importaba todo lo que escuchaba, sin interés, aquella mañana entre las coles, las lentejas y las manzanas.

Ya en la caja, sus manos se rozaron un sólo instante. Un roce expectacular, como si quedaran atrapados por la epidermis.
Salieron juntos, ella terminó primero, a él le sonó el teléfono y con gestos rápidos avisó al frutero que más tarde volvería. Fue lo único que se le ocurrió para ir tras ella. Además, con gestos un tanto atropellados también, la indicó que la acompañaba que iban en la misma dirección, que le dejara unas bolsas y así repartían el peso. Todo un detalle. Cortó la conversación del móvil sin darle mayor importancia.
-Bien, nos vemos esta tarde, adios, tengo cosas que hacer.

Vivían en la misma calle, alguna que otra vez, habían coincidido por el barrio, en la fruteria, en el quiosco, en el bar de la esquina. Pero nunca se hablaron. Ahora subían por la misma escalera, y antes de entrar en su piso las lenguas se enredaron como si nada ni nadie pudiera separarlas, allí mismo, en la puerta, sobre la alfombra, de ella, que tenía una luna guiñando uno de sus ojos.

Las manzanas rodaron por el suelo, nadie las prestó atención... El rellano del tercero olía a manzanas y mandarinas. También a sexo rápido como la luz. El cerró los ojos buscando sus pechos con una de las manos, con la otra aún sujetaba la bolsa con espárragos y setas tiernas. Cerró los ojos buscando más allá de las telas y los deseos. Buscando ese placer infinito que cada inesperado encuentro sexual ofrece. Saboreando hasta el último instante ese sabor dulce del sexo precipitado y urgente.

- Eh????...amigo...te dije que te gustaría el kaqui, está en su punto???... No es neceario que cierres más los ojos, no disimujles, ella ya se ha ido hace rato. Si no te conociera, se diría que te has quedado ido y que ella te vuelve loco ... Te pongo lo de siempre o no???... Anoche volviste a acostarte tarde???... llevas una vida, que más quisera yo. Pero no estoy seguro que le des al sexo todo lo que necesitas.

- Sí, sí...el kaqui está tan dulce como uno de los mejores besos, sin lugar a dudas ...ponme lo de siempre. Ella???...dices que se ha marchado...quién es ella???...
- Ya, ya...

Como tantas otras veces ella había escurrido el bulto. Sin ser descortes, pero distante. Ya no estaba. Llegó a su casa, dejó las bolsas en el pasillo, cerró la puerta y todas sus cerraduras, se sentó en el sillón del salón. Cerró los ojos, se mordió el dedo indíce y una de sus manos la pasó por el centro de sus deseos. Lentamente. Como deseaba dejarse arrastrar por el tipo que se quedó esperando turno en la frutería, mirando al suelo como un adoslecente tímido y sonrojado. Pero no quería parecer una buscona. Sabía que era cuestión de saber esperar. Sin embargo llevaba varios días de abstinencia y no pudo evitarlo. Cerró los ojos y pensó en él mientras sus dedos jugaron hasta el final.

Mientras, el pagó sin rechistar. Se despidió, llegó a casa y colocó toda la fruta mientras sonaba Louis Armstrong a todo gas. Se sentó delante de la agenda y no supo a quién llamar.
El día en la ciudad no tenía nada de especial, el humo gris dibujaba musas y vírgenes insaciadas sobre el horizonte. Mientras, los perros del barrio buscaban por las esquinas las pistas que aún recientes olían a todo lo que un perro necesita. Los pensionistas miraban de reojo a las jóvenes que paseaban, también a las viudas más apetecibles. Los camiones que paran en la zona para la descarga, se amontonan por momentos, traen más alcohol para un fin de semana que se presiente con sabor a fruta fresca.
El vecino del 4º
Posdata: a veces cuando miro desde mi 4º piso y veo todas estas pequeñas historias...me dan ganas de gritar al mundo que vale la pena dejar los discursos inacabados de lado y centrarse en vivir, al menos, un pequeño sueño al día...aunque sólo dure unos instantes...aunque no vuelva a repetirse nunca más...
besos desde el otro lado de la luna...
desde el otro lado de la ventana...



miércoles, 4 de noviembre de 2009

un instante...




A su mujer le dijo que el día sería terrible. Una reunión encadenada a otra, tal vez incluso tendría problemas para comer. Llegaría tarde o muy tarde.


A su amante le contó que su mujer estaba en guardia y que no podría quedar con ella. Que sería conveniente dejar pasar un tiempo.


A la nueva chica de la oficina, esa jovencita que intenta disputar el lugar con su amante, le contó que tenía que ir al dentista y que no podría pararse a tomar un café a la salida del trabajo. Que mejor otro día.


A sus amigotes les contó que no podría quedar para las cervezas y la partidita, que tenía averiada la caldera de la casa y que el técnico llegaba a la tarde. No se fiaba y no quería que le engañaran en la factura. Eso lo entendieron sus amigos. La cosa no está para tirar el dinero.

A su hijo le prometió que al día siguiente irían a la piscina. Unos largos, unos de brazas, de espalda, unas risas...en fin...


Al conserje, le cambió la reunión prevista para revisar los presupuestos del edificio, mejor la siguiente semana.

Aquella tarde, el tipo acabó teniendo un tiempo para sí, para nada. Para ver cómo comían las palomas pedazos de pan duro. Aquella tarde miró al horizonte, sin prisas, sin tener que dar más explicaciones. Un instante de tiempo para no tener que seguir mintiendo a nadie. Desconectó el móvil, fumó sin mirar el reloj. El estanque de patos parecía un espejo donde pudo ver pasar su vida entre el murmullo de los paseantes y los timbres de las bicicletas.


El vecino del 4º

posdata: las mentiras acaban contruyendo escaleras con peldaños en los que se tropieza sin poder evitarlo...

lunes, 26 de octubre de 2009

en ningún universo...


He abierto los ojos y no veo nada, no huelo nada, nada se mueve. El silencio es tal que asusta pensar que es real.
He abierto la ventana para observar hacia dónde van las nubes, hacia dónde vuelan las aves.He bajado por las escaleras para perdir ayuda a mi inestimable y bien informado conserje. Nada. Como si todo se lo hubiera tragado cualquiera de mis más ocultos sueños. Inexplicable.
He lanzado un grito desesperado esperando encontrar en el eco una respuesta en clave, o cualquier otra cosa.

He intentado escribir sobre un papel mi nombre, la fecha y la hora. No queda tinta en el mundo.

Nada. No hay nadie, ni siquiera el eco, tampoco parece una broma de mal gusto.
No funciona internet, no hay radio, ni tele, no encuentro la prensa de los últimos días.
Los libros de la estanteria se han quedado en blanco.

Nunca imaginé que no besarla me llevara a este inóspito universo en ninguna parte.

Me sentaré a esperar en alguna parte, bajo mis pies ya apenas me queda tierra.

No imagino vivir de este modo miles de años.
El vecino del 4º
posdata: hoy no me quedan posdatas debajo de una almohada que no encuentro...

martes, 6 de octubre de 2009

sin billete



Son altas horas de la noche, no es que no sea capaz de dormir, es que no quiero dormir, estoy cómodo, refugiado en este sillón que forma parte de mí, mirando desde mi ventana el horizonte que hay al otro lado. Respiro esa tranquilidad que no siempre se entiende, que no siempre somos capaces de interpretar. Qué importa el significado del silencio, prefiero callar y disfrutarlo.Estoy bien, siendo consciente que el mundo aún tiene asuntos grandes, graves y muy delicados por resolver.


Suena el timbre de la puerta, se escucha un ruído extraño, a estas horas, espero confundirme pero me huele a broma de mal gusto...no obstante siempre abro, en mí es una norma. Me lo tomo con calma y lo que me encuentro ante mis ojos es algo increible.

Me espera un tren que ha pisoteado mi alfombrilla de la entrada. Una lástima tenía que haberla cambiado hace tiempo, pero ahora es irremediable.

Toda una locomotora que ha salido de la nada, resoplando con un pitido infernal, pero delicado, que me suena a otros tiempos.


Antes que vuelva a abrir y cerrar los ojos sorprendido algo o alguien me empuja dentro. Sin pensarlo dos veces camino por un largo camino, las viejas maderas y el olor a carbonilla me saben bien. Niños que duermen en los regazos de algunas madres, parejas de señores mayores que hablan en voz baja, alguna timba improvisada, gente que fuma junto a una ventanilla entreabierta.Alguna cáscara de naranja por el suelo. El traqueteo lento y parsimonioso de una locomotora que se me antoja que proviene de cualquiera de mis sueños. Pero todo es tan real que no me atrevo a cuestinarme nada. Y al fondo como un imán, una silueta femenina que mira detrás de los cristales fijamente.Pensé que miraba la luna, esa noche estaba tan llena que parecía mayor que otras veces. Vestida de negro, discreta, elegante, marcando un cuerpo insultante.


- Te estaba esperando. Llevas años escribiendo sobre todas y todos, tus sueños, tus deseos, tus vecinos... y yo aquí noche tras noche.El revisor debe pensar que este puto tren es mi casa. O aún peor que es mi negocio.

- Perdón...nos conocemos???...


Fue lo único que me dió tiempo a decir. Se levantó, cerró la puerta, el habitáculo para seis personas era suyo. Yo su presa. Bajó las cortinillas. Mordió sus labios sobre los míos con tanta furia, tanta ternura y tanto fuego, que su lengua se apoderó de la mía. Desnuda sobre mi cuerpo entró en todos mis rincones,en todos mis secretos. El pitido, el traqueteo, el chaca-chaca y los gemidos mutuos se mezclaron con la noche y la luna.


- Ahora que todo ha terminado, ahora que aún babeas y no sabes cómo explicar lo que aquí ha pasado. Ahora vas y te bajas en la próxima estación.


Su dedo índice me selló los labios. No pude decir nada.


La máquina frenó con un chirrido de amor. Pisé mi alfombrilla arrollada de nuevo, mi puerta seguía abierta. Extenuado me acosté y dormí con una sonrisa perdida entre la luna y los raíles de un tren que aún camina hacia el infinito y la nada.



El vecino del 4º


posdata: me alegro de NO haberme cruzado con el revisor, no tenía billete...


martes, 22 de septiembre de 2009

Sorpresa




Llevaba días sin esperar, que con esto de la crisis, se alquilara el piso de enfrente. Una puerta que al otro lado no tiene nada es como si se quedara sin vida. Pierde el color, envejece y se agrieta sin remedio. Pero esta mañana, ni demasiado tarde ni demasiado temprano, ha sonado el timbre de mi 4º. He supuesto que podría ser un vendedor de cualquier cosa, el conserje a contarme la última del edificio o una denuncia, vete tú a saber...


De repente al abrir la puerta la encuentro allí. Una musa, una belleza especial, un cuerpo que ni en sueños había visto jamás. Mi nueva vecina, la puerta de enfrente entreabierta, ella señalándola como dándome a entender que ya estaba habitada y yo como un perfecto idiota sin decir una sola palabra. Tal era la sorpresa que me convertí en una escultura de sal y plomo.


No era para menos. Estaba desnuda, sin nada de ropa, sin pudor, sin ruborizarse. Apenas si levantaba uno de sus piececitos como pidiendo cobijo en mi piso.


- Bueno vecino, he querido saludarte, algo ya me ha contado el conserje. Ya sabes habla sin parar, pronto me he puesto al día.

- Ya, si claro, apenas pude valvucear como si ni si quiera supiera hablar.

- Y bien, anoche me dije, dormiré desnuda, me levantaré ardiendo como casi todos los días, y en lugar de llamar a la puerta del vecino para pedir azucar, me ofreceré como mi madre me trajo al mundo.


Allí estaba, desnuda y con unas flores dibujadas en su cuerpo. Una flores en blanco y negro, dibujadas con un pincel y con cocholate de ambos colores.


- Bueno qué me dejas entrar???...


Definitivamente, no pude decir nada, pasó como si fuera un sueño que aún no he tenido, como si se me hubiera adelantado al próximo reto. Cerré la puerte, me aseguré que el teléfono no sonará. La música de Bob Marley sonó de fondo y mis labios recorrieron su piel milímetro a milímetro hasta saciar sus deseos y saciar mi sorpresa por completo.


Al despedirse sólo me dijo.


-Tenemos un conserje que es un cielo.


Levanté la mano, extenuado, con un sabor dulce en los labios. Supuse que no era un adios, sino un hasta otro momento. Dormí perdido entre las sábanas arrugadas, húmedas y con su aroma inconfundible.


El vecino del 4º


Posdata: cuando lo no imaginado supera con creces los mejores sueños o deseos y llegan así de repente...es mejor no contarlos....







martes, 1 de septiembre de 2009

De vuelta...

















Tal vez llevaba demasiado tiempo instalado en mi 4º piso, sin salir a ninguna parte, sin perderme entre los callejas de cualquier ciudad, ni lejana ni próxima. Ultimamente, ni si quiera me había molestado en dar una vuelta por los alrededores de mi viejo barrio.


Si, tal vez demasiado tiempo, mirando al horizonte, desde mi ventana virtual, invisible e imaginaria . Demasiado tiempo entre las plantas, procurando que no se secara ninguna, entre los personajes y los papeles que saltan cada dos por tres de entre las cortinas, las sábanas y los sueños de mi minusculo piso. Por eso cuando programé una escapada, un viaje de esos que son necesarios para seguir viviendo de nuevo en mi 4º piso...reconozco que tenía mis dudas. En fin, esta vez la idea era salir de Madrid, llegar hasta Budapest y entre medias y a la vuelta pasar por Viena, Venecia...en fin... unos cuantos kilometros en coche.


La cosa fue sencilla, nada de programar nada. Todo improvisado. A lo que diera la carretera, a lo que diera el cuerpo. Mochila, mapa, algo para llevar a la boca y patear la calle. Hacía años que no corría por esas carreteras de la vieja Europa sin pensar demasiado en los puntos, las normas, lo calculado y en todo lo demás. Sin más, pisé el acelarador y la memoria se puso a cero. Ahora se trataba de empezar a ver para vivir, para después volver a imaginar.


Primero empecé haciendo fotos a todo lo que se movía. También, como no, a todo lo que estaba quieto en los últimos quinientos años y me impresionó por alguna razón. Esos edificios silenciosos y bien o mal cuidados, pero que todos guardan cientos de secretos, intrigas y lios tremendos de faldas.



Empecé la ruta durmiendo en hoteles de cuatro estrellas, donde siempre te miran con recelo aunque pagues religiosamente la cuenta, sin preguntar nada. Y también he de decir que al final del viaje, como no, acabé en algún tugurio de un pueblo perdido al suroeste de Francia. Limpio sin duda, pero austero y un tanto lúgubre.


Pero antes del final, pasé por Budapest y la mayoría de sus calles. Un lugar entrañable, venido a menos, pero sin duda alcanzó en su epoca, a finales del siglo XVIII casi el cielo y el cenit de la modernidad. Los ecos de la cultura y el derramamiento de sangre aún se huelen en el ambiente. Un lugar por el que todos quisieron pelear para optener la parte del botín. Sin duda el Danubio, bañado por una luna complice y silenciosa , han sido espectadores de cientos de batallas, algarabas, y también de besos infinitos e interminables de amantes ardientes.

A los pies del inolvidable lago Balatón, sobre el cesped soñé con volver en poco tiempo en busca de historias aún no contadas. Rebuscar entre sus aldeas, entre sus recuerdos, entre sus sueños.

El fallido imperio Austro-Hungaro, me dió que pensar, y decidí pasar a visitar Viena, el centro político y social de Austria.

En Viena escuché las notas del inmortal Mozart que aún resuenan por todas sus calles, dentro del restaurado edificio de la opera y el balet pude escaparme detrás de su escenario para mirar los entresijos del impresionante edificio. Por las calles los tranvías se mezclan con las bicicletas y en los parques muchachas semidesnudas, discretamente, besan a sus amantes en este mes de Agosto especialmente caluroso.

Viena, al contrario de Budapest, ha tenido la continuada bonanza del dinero, lo que le permite exhibirse más renovada, más cuidada. Como si fuera la hermana mayor de la familia, la rica de turno.

Los días pasaban entre descubrimientos, rincones mágicos, personajes de ahora y de siempre. El cuerpo se iba ogotando, pero las comidas nuevas hacen el viaje más liviano. Las bebidas y pócimas por descubrir lo hacen más entretenido. Siempre se agradece que un músico arroje la funda de su violín al suelo y toque algo de Vivaldi. Sin apenas darme cuenta, de un salto, estaba aterrizando en la Piazza de Roma, desde dónde has de abandonar el coche para empezar la aventura de adentrarte en las callejuelas y cruzar una infinidad de puentes en Venecia, para llegar finalmente a la Plaza de San Marco.

Se tiene la idea de que la edad Media pasó hace cientos de años, es falso, en Venecia la Edad Media sigue allí instalada en cada puerta, en cada puente, en cada rincón, entre las sombras y las luces. Conozco París y la llaman la ciudad de la luz. Venecia es especial en cuanto luz y por muchas otras cosas, al menos el día que yo la vi. Tiene una luz increible, una belleza que transporta al instante, los mercaderes, las góndolas, las risas de las italianas, las voces en alto. El aroma a cientos de años de mascaras y carnavales. Siempre que llego a un lugar nuevo digo: aquí es dónde quiero vivir. En Venecia estoy seguro que sería capaz de vivir sin dormir. Todo hace que los sentidos se aviven. La música, el olor a incienso de sus cientos de iglesias, una en cada plaza, no podría contar las plazuelas que pateé en unas horas.

Con todos estos y muchos más recuerdos me saltaban en la cabeza, iba acercándome a ese Madrid, del que salí días atras. De nuevo acercándome a esa urbe que me atrapó hace más de 25 años y de la que no puedo, ni quiero escapar. La carretera se me hacía infinita, pero delicada, el calor ya apenas lo notaba, la luna haciendome guiños, el cuerpo aguantando, al llegar a casa habría recorrido unos 6300 kilómetros. No estaba mal. Todo había salido según lo no previsto. Ahora me apetecía llegar a casa, ver que todo estaba en su lugar, abrir la ventana, confirmar que las plantas, cuidadas con delicadeza por Nina, estaban sanas y salvas. Hogar, dulce hogar. Deseaba llegar a mi 4º y buscar entre los recuerdos del viaje, esperar a que algún personaje surgiera y diera la cara.

Abrí la puerta de mi piso, silencioso, aireado, las plantas perfectas, todo limpio, impoluto, ordenado. Pero al instante noté que algo estaba ocurriendo. No era normal tanta quietud, tanto silencio. Qué estaba pasando en mi cuarto piso???...
A mi espalda es como si notara una presencia, alguien me estaba vigilando???...Qué me podía pasar en mi territorio, en mi propio piso, en mi castillo de marfil esculpido sobre las nubes de cristal de murano. Nada. Me relajé, lo achaqué al cansancio del viaje, abrí el gripo de la bañera con agua caliente. Sales de baño, incienso, música, para empezar Bach.

Ya en el agua, cerré los ojos procurando centrarme en todo lo que había visto, me habían contado. Esperando que algún momento algún personaje me saltara a la imaginación. Tenía ganas de volver a sentir esa sensación especial. Algo se mueve dentro de la cabeza y las palabras parece como si se pusieran de acuerdo. Empiezas a teclear como poseído por el portátil y cuando te das cuentas los personajes te llevan de un parrafo al otro. Se construye una historia misteriosamente y al final lo único que deseas que alguién la lea. Lo demás poco importa.

Aquella tarde la cosa fue distinta. Empecé a escuchar voces. No quise abrir los ojos, para qué.


- Te crees muy habil, no???... te has dado una vuelta de lujo por todos esos sitios, y ahora vienes a descansar como el guerrero, con su botín. Lo tienes claro. Aquí no cabemos más.


Era la voz como de un viejo bucanero, sus toses me recordaron alguna historia pasada. Al poco una voz de mujer, insinuante me dijo también.

- Oye, monín, somos muchas las que hemos la calle para estar aquí y que tú cuentes nuestras cosas. Sabes????...nosotras tenemos preferencia. O cuentas lo mío primero o llamo a mi chulo y te dejará la cara marcada para los restos.

No me dió tiempo a responder. Mi silencio supongo que se interpretó como una vía para que cada cual hablara de lo suyo...

- Muy bonito vecino, nosotros aquí esperandote todo el verano, sin salir por las noches por esas terrazas de pecado, esperando que tú nos describas, cuentes nuestros secretos, nuestros sueños...cientos de personajes, que nos hemos ido apilando en tu puto pisín. Ordenados por números, que esto ya parece la Seguridad Social. Y ahora vas y quieres traerte a otros. Antes que nosotros???... De eso nada pringao.

Así pasaron unos minutos interminables, un sinfín de quejas que se fueron apilando a los pies de mi bañera. Respiré profundo, iba a gritar para sublemarme cuando el teléfono llamó mi atención.

Al otro lado la voz de un buen amigo.


- Bueno tronko, sé que has vuelto, he visto tu coche por el barrio, sin un arañazo. Supongo que todo bien. Vamos ponte algo que nos vamos de birras. No estarías durmiendo????....Has tardado un huevo en cogerme el telefono, menos mal que eres de esos que no tiene el contestador activado, si no te hubiera puesto bueno. Vamos, espabílate que tienes que contarmelo todo.

- No claro. Supongo que no estaba duermiendo. Salgo de la bañera. En cinco minutos estoy en la plazita.

En fin, ya de vuelta, veo que todo sigue igual. El calor de este agosto es como un rayo de fuego que atraviesa nuestros sueños. La plazita estará ardiendo, pero para compensar, la birrita fría la hará menos insufrible. Seguro que las faldas de las chicas esta noche estarán más cortas que nunca, y los escotes descubrirán algunos de sus mejores secretos. Me he debido quedar dormido por unos instantes. O no... nunca se diferenciar bien entre sueños y fantasías.

El vecino del 4º

Posdata: de nuevo de vuelta, desde mi 4º, entremezclando palabras de siempre con sueños nuevos, sueños nuevos con palabras inexplicables...en fin... por aquí ando...pasen y vean...