Tenía tantas cosas pendientes que no acertaba a ordenar prioridades y qué hacer. Corrió por el parque y a medida que comenzaba a sudar, calentar músculos y algunos pensamientos las ideas parecían irse ordenando. Un orden extraño, cómo no.
Sin apenas darse cuenta estaba flotando. Saltó sin esfuerzos y pasó cerca de luna pero decidió no parar. Ahora si se perdía a quién podría preguntar.
Un viaje cómodo, estrellas, planetas, musas que saludaban a su paso, saludando efusivamente, y el hombre no podía ni quería dejar de correr.
A la vuelta de un planeta alcanzó a ver un grupo de hombres que dormían acurrucados bajo unos cartones. Parecían tener frío. En sus rostros se dibujaba también esas miradas perdidas y de hambre que también conocía .
Cuando despertó, hambriento y frío, bajo el mismo puente de siempre. Se prometió que no volvería a pensar en hacer ni footing ni running ni nada que se le pareciera. Tiró la vieja radio a la papelera más próxima y maldijo los consejos de los tertulianos y todas las patrañas que cuentan a primeras horas de la mañana.
- En qué estaría yo pensando. Correr a mi edad. Yo lo que necesito es un café caliente, si encuentro pan duro o un bollo a medias ya seré feliz por unas horas.
el vecino del 4º
posdata: la miseria llegará hasta el infinito si ponemos remedio.
- En qué estaría yo pensando. Correr a mi edad. Yo lo que necesito es un café caliente, si encuentro pan duro o un bollo a medias ya seré feliz por unas horas.
el vecino del 4º
posdata: la miseria llegará hasta el infinito si ponemos remedio.
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