viernes, 25 de enero de 2008

Jornada de puertas abiertas.-




Esta mañana me he levantado como otros muchos días, el pelo revuelto, con ganas de tomar un zumo de naranja urgentemente, buscando sin prisas la luz de la calle para aterrizar de nuevo, fantaseando los últimos instantes con uno de esos sueños recurrentes, de sexo sin límites, y mientras ya en el W.C. el agua cae del grifo sonando como ese discurso cansino de algunos políticos, de repente, sin pensármelo dos veces, me he dicho.

- Hoy quiero que sea un día diferente. Uno de esos para recordar para siempre.

Sin pensármelo dos veces, casi desnudo, tiritando por momentos, con un folio en una mano y un pedazo de cinta aislante negra en la otra, cuelgo de mi puerta un cartel absurdo que dice algo así: “Estoy que lo tiro, todo gratis, no hay trampa. Pasen sin llamar, la puerta está abierta. Firmado El vecino del 4º ”.
Por qué no?...Haré una jornada de puertas abiertas. Siempre he sabido que la mayoría de mis vecinos piensan que soy raro. Ahora, que lo confirmen.
Me siento en el salón con suficientes velas encendidas y algunas varitas de incienso de canela y lavanda, de esas artesanales que me vendieron en un puesto callejero, me dijeron que cuando las probara me sorprendería plenamente, no sólo por el olor.

Han pasado unas horas y así es. Estoy sorprendido. Los primeros que se atrevieron a entrar fueron mis vecinos del 6º, una pareja muy joven recién casada. Entraron con la guasa y para vacilarme supongo. Yo estaba sentado sobre mis cojines preferidos, colores suaves, textura delicadas, ni blandos ni rígidos. Perfectos. Seguía semidesnudo con una sonrisa extraña. Ellos tras un saludo rápido, como si entraran en trance se sentaron junto a mí, eligieron el cenicero de cerámica, color cielo y con cristales negros y amarillos incrustados.

-Cuánto es?-preguntaron-.
-Es gratis –les dije- no habéis visto el cartel al entrar?... Además podéis tomar un té de las siete rosas.

No hablaban mucho. Bebían sin hacer esos odiosos ruiditos, que tanto me molestan, y poco a poco se fueron acercando más el uno al otro, y despojándose de sus ropas. Creo que incluso hicieron el amor. Yo no tuve tiempo de entrar en detalles, poco a poco comensaba a haber un trasiego de gente que me impedía estar en todos los detalles.
Los bomberos del 2º subieron, antes de irse al trabajo, son pareja de hecho, venían vestidos, tan monos, tan fornidos. Se encariñaron con uno de mis bonsáis, el limonero que tengo sobre el piano.

-Podéis quedaros con él. Procurar no encharcarle en exceso, que no le falte el hierro o sus hojas se pondrán amarillas. Si le tratáis con amor el os lo devolverá.
-Gracias-dijeron al unísono-.

Se quedaron junto al piano, se dieron la mano, les vi como casi lloraron, allí mismo, de pie, sin duda se habían emocionado. Se dieron un largo beso con la pasión de los adolescentes. Sus cuerpos de mármol parecían de algodón. Acabaron enroscados sin apenas ropa como si estuvieran escondidos en un rincón del infinito mundo de los sueños.

Tras los novios, los bomberos, fueron llegando, además los universitarios que hay en mi edificio, ese día hicieron casi todos novillos. Algunos de los parados que iban al INEM a firmar sus papeles. Cómo no, también mi vecina preferida, la del 3º A. Algunos jubilados. El conserje y su hija que ese día no había ido al cole, porque tenía unas décimas. Las viciosas del 2º B, esas envidiables ninfómanas que no pueden evitar disfrutar la mayor parte del día. Animaron la velada, sin duda alguna. El viudo del 1º. El invidente del 5º. Todos. Creo que faltaron pocos. Cada uno llegaba, miraba y elegía algo. Iban llegando atraídos por un no sé qué. Las velas ardían lentamente, se movían como en una danza mágica. El olor a incienso poco a poco fue tomando el piso entero, en todos sus rincones, salió al rellano, fue tomando las escaleras, ocupó el edificio. No me hubiera importado que se hubiera expandido por todo el barrio, la ciudad. Y aquel día fue distinto.
A altas horas de la noche, estaba ya sólo. Me dejaron la casa pelada. Sin nada. Sentado el único de mis cojines. El de rojo pasión, con unos flecos suaves y brillantes. Las velas no parecían apagarse nunca. Continuaba con esa sonrisa y una sensación de paz extraña, no sabía qué hacer. Sin esperarlo, de repente, de mi cuarto salió mi vecina preferida.

- He procurado convencerles para que la cama, al menos, nos la dejen para esta noche. Creo que les pertenece a los del 6ºA. Mañana vienen a primera hora a por ella. Ahora gocémosla. Yo no he querido quedarme con nada de la casa. Te quiero a ti. Ven.

Su dedo índice justo apunta al brillo de mi mirada. De estar perdida en el infinito, unos instantes antes, de repente se ha encendido como un rayo. Cierro la puerta de mi casa despoblada de objetos, tal vez inútiles, para abrir el universo de mis deseos, para compartirlos en secreto sólo con ella. Ha merecido la pena.

miércoles, 23 de enero de 2008

Un meme al año no hace daño.

He recibido el testigo de este meme de CATA y paso a cumplirlo.
Reglas del Meme:
- Respetar las frases anteriores.
-Cada frase estará pegada al nick del blogger.
-El nick debe tener la URL del blog.
-Enviarlo como mínimo a dos personas.

Mr. Rockmántico: “Mejor morir de pie, que vivir arrodillado”.

Don´t Worry, Be Happy: “Como no sabían que era imposible, lo hicieron”.

Rubén: “Si los que hablan mal de mí supieran lo que yo pienso de ellos, hablarían mucho peor”.

Lara: “Si la vida te da la espalda, tócale el culo”.

Javi: “Nunca te rindas antes de intentarlo”.

Chasky: “Para ganar hay que saber perder”.

Doctor JB: “Id a darle por culo a alguien… menos al de la 302, tiene un desgarro anal”.
Señor Oscuro: “Una comida puede estar asquerosa, pero con hambre está asquerosamente deliciosa”.

Misstwenty: "Ojo por ojo... y todo el mundo acabará ciego".

Yo-X: "Ya sabes, no hagas nada que yo no haría sin hacer tu antes..."

Dashina: "Si no puedes sorprender con brillanteces, desconcierta con gilipolleces"

Malena:"Amame cuando menos lo merezca ya que es cuando más lo necesito".

El vecino del 4º: "Procura siempre que tus palabras sean tan sabias como tus silencios".

Cata: “en la vida no basta con atacar...hay que tomar la plaza”...

Ahora le paso el testigo a mi Vecinita y a Mariqui.
Besos.
Vuestro vecino del 4º

viernes, 18 de enero de 2008

La mirilla.




Desde una de mis ventanas, además de a mi vecinos, también veo parte de la calle. Eso nunca lo comenté. Pero me viene muy bien. Cuando veo llegar por la calle con prisas a Bea, ya sé lo tengo que hacer. Me preparo rápido. Me voy a escudriñar por la mirilla de la entrada de mi casa. Espero que abra su puerta, cuento hasta sesenta y nunca falla, la pillo siempre desnuda en su cuarto, despues salta veloz y despavorida hacia el W.C., allí es todo mucho mejor. Depende el dia. Pero eso igual os lo cuento otro día.
Hoy, sin apenas hacer ruído ya estoy a punto de mirar por esa dichosa mirilla que tanto me acelera el corazón. Diablos!!!!!!!!. No veo nada...qué es esto???...cielos!!!!!...Veo un ojo enorme. Es ella. Mi vecinita Bea. Ahora se retira y me enseña sus labios, carnosos, más que vivos, insinuantes, lascibos a más no poder, se retira un poco más y me muestra ... un pecho!!!!!. Se aleja más y estoy viendo cómo se baja los vaqueros. No lleva nada debajo. Todo ocurre en unos instantes.
Me guiña un ojo y en sus labios, claramente, puedo leer: "hoy vecino dejame trankila unas horitas". Tengo un invitado especial, pero es muy desconfiado. Anda. Si te portas bien...otro día te recompensaré, pero hoy no me mires desde tu ventana.
Me lanzó un beso con su dedo indice ligeramente mojado, desde sus labios, pasó por sus senos, se aproximó a su sexo que claramente se apreciaba, por su brillo, más que húmedo. Acepté el trato. Cada día creo que soy más blando. De todas formas, sé que ella cumplirá su palabra y yo mis fantasías.
Vosotros????... ya me contareis...

El vecino del 4º

sábado, 5 de enero de 2008

31 D





Desde mi ventana, le he visto despertarse. Acurrucado entre cartones en el portal de la esquina. En mi barrio, en noche vieja nadie le dice nada, el treinta y uno es el único día que le permiten dormir ahí. Seguro que es una caja de un frigorífico nuevo. Por la marca, de los mejores del mercado sin duda. A él le habrá parecido el mejor cartón del universo, esta noche y tal vez las siguientes será su adosado.
Veo como se despereza como un oso viejo en una urbe plagada de luces, asfalto y Papás Noeles que suben por las ventanas. Tiene guirnaldas y purpurina por todas partes, en un lado del pantalón pegado uno de esos antifaces de gato. Unas ojeras profundas como la boca del metro. Se rasca con decisión sus greñas y su barba. Se mete la mano, sin ningún pudor, entre las piernas. Enciende un cigarro a medias que lleva pegado a los labios y ofrece el humo y unas toses a los viandantes que miran de reojo para no llamar su atención.

- Feliz año nuevo queridos vecinos. Huelo como vuestras conciencias, tengo los bolsillos tan vacíos como vuestras almas, los que aún creéis que tenéis alma. Las manos tan manchadas como vuestros sueños y la lengua tan envenena como vuestros deseos. Pero no os preocupéis por nada ni por nadie. Os deseo de todo corazón feliz y próspero año nuevo. Gracias por dejarme ocupar vuestro portal por una vez al año. Reconozco que es el mejor de la manzana. Os lo devuelvo. Podéis llamar a vuestro siervo para que adecente este rincón. Hasta el año que viene.

Le conozco de otros años. Por nada del mundo me perdería su recurrente discurso. Y al final hace una gran reverencia como si el breve sainete hubiera terminado. Algunos años incluso termina haciendo un calvo al respetable que mira. Como si nada hubiera pasado el se aleja calle abajo, desaparece entre una débil niebla de mañana. Un año nuevo nace. Espero volver a verle. Si alguna vez me dejan la presidencia, mis vecinos, propondré que le permitan ocupar el portal por el tiempo que lo necesite. Si no me aceptan la propuesta presentaré la dimisión.
El vecino del 4º

lunes, 24 de diciembre de 2007

El árbol de los deseos.-


El árbol de los deseos.-


...Como todos los años por estas fechas los bellacos se esfuerzan en ser mejores, los malvados apenas atinan a sonrreir a los niños pequeños, como todos los años los amantes por estas fechas hacen más veces el amor y con más intensidad. Como todos los años por estas fechas, sigo creyendo que las buenas gentes apenas hacen cosas diferentes al resto del año.

Desde mi ventana veo, como todos los años, el árbol de los deseos. Los sueños son las sombras de los hombres, nos acompañan desde los mísmos sueños hasta ese último de los suspiros.


Continúo viendo desde mi ventana, en el horizonte, un árbol de los deseos, con guirnaldas de besos, con gémidos de menta y fresa, con alarídos de placer y canela, con bánderas invisibles y sin fronteras, con discursos escritos en el aire con tinta de pasión y hierba buena. Un árbol, aveces, invisible a muchos ojos, pero que rodea nuestros secretos.

Como todos los años por estas fechas, las palabras se me hacen versos, los besos se me hacen letras, los gemidos son el camino, su cuerpo es mi vereda...

Como todos los años por estas fechas, la navidad me cabe en una vela, los deseos saltan de la cesta...



Felices fiestas vecinas/os...


Vuestro vecino del 4º

domingo, 16 de diciembre de 2007

Jugador de póquer.-


En mi edificio tengo de todos los estratos sociales como vecinos, uno de los que es más curioso por su oficio, sin duda, es aquel que todos llaman el jugador de póquer. Nadie lo ha conocido ningún otro oficio. Un tipo que vive bien. Viste bien. No le falta de nada. Un ser solitario que trabaja de noche y duerme, la mayor parte del día. Yo le suelo hacer el seguimiento de vez en cuando. A veces trae compañía y eso lo hace más interesante. De una edad imprecisa, no pasa de los cuarenta y cinco pero se cuida bien y digamos que podría pasar por menos edad, si a esto le añadimos que cuida estrictamente la dieta, que la altura está por encima de la media, que su rostro es favorecido por los cánones de estética actuales, o sea el tipo está bien. Y eso que yo de hombres no entiendo. Intento ser objetivo y aportar nada más que datos. Uno de esos solteros de oro, solitarios y difíciles de cazar. Debe de tener algún secreto.


Por las habladurías, con las cartas debe ser bueno, auque también cuentan que en alguna ocasión anduvo metido entre rejas, desde luego que no lo parece. Si pasó unos años a la sombra, además por culpa de una fémina, según apuntan, eso podría confirmar su costumbre de lobo solitario.


Esa noche él llego tarde, mucho, yo estaba apunto de irme a dormir pero sus movimientos me dieron que pensar y apuré unos instantes, lo suficiente como para ver algo curioso. Según llegó a casa se quitó la corbata y arrojó lo zapatos lejos como si le molestaran, la chaqueta la dejó caer en el suelo sin importarle si se arrugaría o no. Se puso cómodo. Por lo que estaba viendo no se disponía a cenar, ni a ver una película, ni a ordenar la casa. Abrió un mazo de cartas nuevas. Extendió el tapete verde para jugar a las cartas. Bajó la lámpara que había sobre la mesa. Todo hacía pensar en una timba de cartas, ilegal, por supuesto. Aquello me interesó. Esperaría los acontecimientos sin prisas. El sueño se me despejó y me dispuse cómodo y atento para no perder detalles. La mesa dispuesta, la música baja, él seguía solo. Quién vendría a jugar???.


De repente cuando todo parecía estar preparado, se alejó hacia su cuarto, supuse que llamaría a los invitados. Pero no. De repente apareció con una muñeca hinchable, la sentó, la acarició sin demasiado interés y sin mediar palabra comenzó a jugar contra ella. No comprendía nada. Partida tras partida veía como mi vecino perdía contra una muñeca que ni siquiera pestañeaba. Al comenzar la partida ambos tenían un fajo de unos tres mil euros, calculo yo. A medida que pasaba el tiempo él se queda sin dinero. No perdió la calma. No se inmutaba, ni le temblaban las manos, ni sudaba, tampoco se levantó de la mesa en ningún momento. Él, que fuera ganaba siempre, era su oficio, su modo de vida. En casa perdía la mayoría de las partidas. Hasta que se quedó sin un céntimo. Increíble. Incluso imploró la última partida, como si pidiera un préstamo, uno de esos pagares de juego que tienes que pagar más tarde o más temprano. También la perdió.


Al terminar la partida, sin decir nada. Apesadumbrado, fue apagando las pocas luces que quedaban encendidas, pude ver como se arrodilló para meterse bajo la mesa. La muñeca inmóvil con unos ojos perdidos, mirando al infinito. Ví como él tuvo que pagar de alguna manera aquella última partida perdida. Sin rechistar. Ella a cambio nunca le diría que la deuda estaba saldada.


El vecino del 4º

(fecha de edición anterior 18 Septiembre 2006)

domingo, 9 de diciembre de 2007

La Caja de Pandora.-




Os voy a contar un secreto. Ayer mañana abrí mi caja, sí, la temida caja de Pandora. Sólo un instante. El resultado no se hizo esperar, de repente como si me hubiera cambiado de mundo, de vida, muchas cosas dejaron de tener sentido. Tuve, al instante, esa sensación de tener uno de esos días en que no se sabe si vas o vienes. Como si, de repente, todo se me hubiera olvidado. No sabía si tenía que ir a trabajar, si alguien me estaría esperando. No recordaba dónde vivía. Quién era mi familia, mis amigos, mis vecinos. Siendo casi consciente de la situación se me escapó entre los labios:

- Qué diablos estoy haciendo yo aquí???. En una casa tan grande, sin nadie. Ahora mismo me pongo en marcha. Me marcho. Voy a comerme el mundo, hasta que me indigeste. Hasta que sacie este hambre que noto en mi interior.

El cuerpo me tiembla ligeramente cuando cierro la puerta y me dispongo a alejarme sin despedirme de nadie. Contoneo mi cuerpo sin preocuparme de los demás, unos curritos en la obra de la esquina dejan de trabajar al pasar a su altura, noto como huelen mis deseos, resoplan y se les hincha el pecho, se sonrojan y bajan sus miradas, no resisten que yo levante la mirada, que les mantenga ese pulso silencioso. Mis pechos marcan el terreno con una fuerza desconocida para mí. Erguidos, provocativos, a la espera de sus respuestas. El jefe de obra se acercan y como niños se alejan cada uno para un rincón. Se esconden como perros amedrentados. Me siento mojada por dentro, una sensación de triunfo hace que mi ojos brillen como el fuego.
Paro un taxi con el dedo índice. Con un gesto de aquí, a mis pies. El taxista no se hace esperar a los pocos minutos me insinúa que paremos en el motel de carretera. Yo más atrevida le digo que si quiere desahogarse ahora mismo, si se atreve a probar la fruta prohibida que pare en el anden. A continuación bajó la mirada, sumiso y dócil como un gato, pisó el pie del acelerador y me volvió a recordar el lugar dónde me llevaba. El resto del trayecto no pudo cruzar su mirada con mis ojos, no volvió a decir nada. No habló ni siquiera del tiempo.

Aunque la aventura me pareciera un solo segundo. He debido recorrer muchos kilómetros. Está anocheciendo. El taxista ha parado al instante a mi voz de mando.

- No de más vueltas. Es aquí. Sabrás que no vas a cobrar nada. Si abres la boca, me voy a la comisaría mas cercana. Adiós. Hasta nunca.

Antes de que pudiera reflexionar sobre todo lo que me estaba ocurriendo, sin saber muy bien cómo, me encontré subiendo por unas escaleras. El cuerpo me estaba llevando hacia un cuarto piso de un lugar desconocido. El cuerpo me ardía. Los deseos más ocultos corrían por mi mente sin ningún tipo de control. Me imaginaba, de repente, atada a su cama, me devoraban unos labios carnosos, las piernas me temblaban. El cuerpo se me erizaba por momentos. El olor de la lascivia y la carne me aceleraba las pulsaciones de un corazón que no podía controlar. La fragancia de la lavanda, mezclada con rosas y miel estaban cerca, incluso el olor de unas velas que me esperaban encendidas como mis deseos.

Llegué a una puerta que había visto mil veces en uno de mis sueños más inconfesables. No estaba cerrada. No tuve que llamar. Miré el picaporte y lentamente empezó a entreabrirse. Mis pies descalzos, en algún momento debí tirar mis zapatos, me conducían por un pasillo infinito. Una alfombra de pétalos rojizos a mis pies, unos suspiros que se escuchan, unos jadeos que me invitan a cerrar los ojos, mi interior está tan ardiente que noto como voy dejando el rastro de mis deseos por donde paso. Me paro sin saber por qué. Cierro los ojos y entreabro los labios. Un beso de azahar, menta y poleo me lleva hasta uno de mis secretos mejor guardados. Al fin encuentro esos labios. Mi sueño me ha buscado. Mis pies se han dejado guiar. Mis deseos cabalgarán sin rienda, sin pudor, sin fronteras que los detenga.
Mañana poco importa si recordaré algo de lo vivido. Mañana tampoco me preocupará que todo haya sido, tal vez, un sueño. Un deseo.


El vecino del 4º