domingo, 21 de octubre de 2012

El Guerrero retirado.-




Una mañana de primavera, de un año muy especial. El agua había inundado todos los rincones del poblado durante el invierno. Unas veces con agua y otras con una neblina cargada de gotas que intentaban brillar con el menor rayo de sol.
Habían ido cayendo sobre la tierra rojiza como delicada colcha de ganchillo. Sin estridencias, sin excesos. Esa alternancia niebla, agua, frío y escasos momentos de sol. Una agua que cayó sin arrastrar lodos, sin crear sobresaltos, con un ritmo somnoliento casi, es como un viejo e inexplicable milagro de la naturaleza que ese goteo prepara la tierra y el invierno da paso a una mansa y feliz primavera. Donde la explosión de la vida no hay manera de detenerla.
Pues bien, entrada ya esa primavera, pletórica cuando las frescas mañanas te permiten mirar al sol, con los brazos abiertos y los ojos cerrados. Sikú, miró a su anciano abuelo, al corazón acelerado, cada vez que se acercaba a él su imaginación se disparaba. Veía en cada arruga, en cada vieja herida, en cada pintura y tatuaje un eco pasado de una guerra y una gran batalla casi siempre ganada.
Cada vez que se acercaba e iba a preguntar por los detalles de cuántos adversarios había derribado, cuántas cabelleras, cuántos recuerdos de guerra había repartido en el poblado. Sikú se paraba en seco, como si le faltara aliento y valor. Pero antes incluso de formular la pregunta el viejo guerrero retirado, Dalos, movía un dedo índice negativamente. Y solía decir, casi en voz baja a su nieto, como una vieja retaila.

- Aún no estás preparado para escuchar historias de la guerra. Tu corazón no lo resistiría. Las pesadillas te perseguirían cada noche. ¿Eso es lo que quieres Sikú?...

Y sin embargo aquella mañana de abril, sin fecha, sin calendario, sin testigos, Dalos llamó a su nieto, le acarició la cabeza con unos dedos largos, delgados y retorcidos.

- Ves como el agua corre río abajo. Escucha cómo entre el rumor del agua, el saltar de los peces el río habla de todas nuestras batallas. Hoy te contaré mi más dulce e inolvidable recuerdo, has ganado. Te contaré mi primera victoria. Cierra los ojos y no perderás detalle. Lo verás como si lo dibujaras sobre las nubes.

El agua sonó como una flauta dulce, y lejanos tambores amigos facilitaron que Dalos contara a su último nieto, cómo le temblaban las manos y las piernas aquella vez. Cómo el corazón daba golpes para salir por su boca. Cómo apenas pudo correr dos días antes de aquel combate singular. Cómo se vistió con sus mejores galas de guerra y sus mejores armas, las más brillantes y limpias, las más afiladas del poblado.
Al fin, terminó por contarle aquel primero día, de aquella batalla, que precisamente fue el día que se declaró a la abuela Landa.
Ella dijo sí, un sí tímido y distante y apenas si rozó la mano derecha de Dalos. Pero fue suficiente.
Al mes siguiente se habían prometido la eternidad y la vida en común y compartida para siempre.

- Esa fue tu primera batalla?...abuelo???...No me estará tomando el pelo???...
- Si, la primera y la más dificil. Las demás fueron como ver ponerse el sol en el horizonte.

Sikú, comprendió aquel día que aun habrían de pasar muchas más primaveras hasta que su anciano abuelo le volviera a contar la siguiente batalla.
En las orillas del río, los peces saltaban en busca de los primeros insectos a su alcance. La flores de mil colores parecían saludar a Sikú animándole a tener paciencia. El tiempo, sin marcarse en ninguna parte, en ningún objeto dejaba escrito en el aire que jamás se detiene ni da la vuelta hacia atrás, para nadie.

El vecino del 4º

posdata: quien no ha deseado, alguna vez al menos, poder detener el tiempo, esto es controlar el tiempo...



6 comentarios:

g dijo...

¿Y quién no ha deseado que todas las batallas de su vida fueran como la primera vez del abuelo?

El vecino del 4º dijo...

deseos, sueños...en fin... más que deseables...sip, yo hubiera deseado lo mismo....


el vecino del 4º

Marcos Callau dijo...

Es cierto, vecino,. Quién no lo ha deseado alguna vez? "El tiempo detenido"... quizá el sueño más deseado. Abrazos.

El vecino del 4º dijo...

así es Marcos, el sueño de los sueños...jejejjejejje...un abrazo Marcos...

el vecino del 4º

Mar M M dijo...

Querido Kant, como ves aparezco y desaparezco, pero siempre si no recuerdas mal, amenazo con volver, un beso desde el otro lado de la luna, Mar

El vecino del 4º dijo...

Un besazo Mar...veo que sigues ahí...siempre al otro lado de la luna...te agradezco estas visitas tuyas como el Guadiana...ahora aparezco ahora no...pero estás...te deseo lo mejor...

nos vemos Mar...

el vecino del 4º, siempre Kant...