martes, 23 de diciembre de 2008

Confundido




No hay prensa esta mañana, no veo coches, ni ruídos estridentes, no parece que la gente que camina por las calles tengan prisas, ni van con bolsas de la compra. No hay radio ni TV tampoco, la única música que escucho es la de sus besos sobre mi mejilla. Parece que el gobierno ha desaparecido, el rey y el ejercito es como si nunca hubieran existido. Vivimos en un mundo perfecto no hay arriba ni abajo, no hay secretos ni mentiras. Nadie muere, nadie mata. No falta de nada, tampoco sobra. Estaré enfermo???...la locura de amor nubla tanto el intelecto???...


-Dímelo amor. Estoy soñando. Estos besos me saben mejor que nunca. Tu sexo es más dulce que todos mis sueños. Dímelo amor, vuelve a pellizcarme. Estoy despierto???. Estoy vivo??? o estoy muerto???...

-No. Es navidad. Un instante para los sueños.




El vecino del 4º


Posdata: podrían convocar manifestaciones y huelgas para que siempre sea navidad en todos los rincones del universo... yo me apunto...felices fiestas...por un universo nuevo!!!!

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Un piso más arriba.-




Escuché el sonido de unos nudillos delicados al otro lado de la puerta, incluso como si un aroma familiar quisiera pasar por entre las rendijas. Además su cálida voz no me dejó ninguna otra posibilidad.

- Ábreme, esta mañana me dejé las llaves dentro.

Fue todo lo que escuché, abrí sin darle importancia. Descalzo, el pelo revuelto y un tanto despistado. Toda la casa a oscuras, llevamos unas tres horas sin luz y esto va para largo. Antes de que pueda dar explicaciones sobre la avería ella me dice susurrante al oído.

-Qué miedo he pasado hasta subir por las escaleras. Hacía tiempo que no las usaba. Un miedo animal que ha hecho que la adrenalina se me dispare. Mira toca...

Agarró su mano templada y coló una de las mías por encima de su pantalón.

-Estoy mojada como nunca. Ven.

Comenzó a desnudarse allí mismo en la entrada, la calefacción estaba alta, como a mí me gusta estos días de frío. Comenzó a susurrar, apenas la entendía.

-El olor de las velas que viene del salón me vuelve loca. Bésame.

Allí mismo obedecí sin rechistar. Antes intenté hablar pero uno de sus dedos mojados selló mis labios. Finalmente de rodillas me perdí entre sus piernas, me dejé llevar. Un regalo inesperado. El placer era tan intenso que ambos nos perdimos entre piel y piel.

Instantes antes de llegar al final, cuando sus gemidos eran ya casi un grito secreto entre ambos, vino la luz.

- Cielos, yo???... no sé qué decir, yo iba un piso más arriba. Osea que este no es el 5º???...
- No es el 4º , intenté decírtelo...


Un segundo y cuando todo parecía que iba terminar bruscamente, imaginé que comenzaría a dar gritos, que los vecinos llamarían a la policía... ella, discretamente apagó la lámpara pequeña de la entrada. Antes miró mis ojos de asombro. Volvieron los susurros incomprensibles. Sus caricias, sus uñas, su olor. Se me quedó grabado para la eternidad. Cada vez que enciendo una vela un ligero temblor me recorre la espalda. Nunca más volví a saber de élla.


El vecino del 4º


posdata: no nos vendría mal un apagón mundial de tres horas, más o menos, de paso ahorraríamos ahora que estamos en crisis...no???...

domingo, 30 de noviembre de 2008

10 minutos más tarde.-




-No tengo nada que contarle Doctor.
-Muy bien, yo cobro por escuchar a quien viene a mi consulta, a veces no dicen nada. No importa. Usted ha sido quien ha pedido la cita. Escucharé sus palabras o sus silencios durante los próximos 45 minutos.
-Comprendo, comprendo, no es necesario que me de tantas explicaciones. A la primera me entero bien. Aunque ya que estoy aquí le diré algo...verá... La mujer del director de mi empresa le pone los cuernos con todo el mundo, yo también me acuesto con ella si no dice que hablará con su marido y me despedirá. Verá yo estoy pagando la hipoteca del puto piso, me compré un coche, aunque de segunda mano...y en fin ... no es necesario que entre en más detalles ¿no?. Total, que me acuesto con élla, además de vez en cuando me suelta unos eurillos que no me vienen nada mal. Por otra parte sé que a su marido le da unas pastillas, con la excusa de una subida de tensión, al parecer así se le quita el apetito sexual y ella puede campear a sus anchas.

-Perdone que le interrumpa...y dígame ¿cómo se le ocurrió venir aquí?.
-Sencillo a la señora se le calló una tarjeta con esta dirección y un teléfono. Llamé y una señorita con una voz preciosa me atendió tan bién que quise venir...
-Bien, acertó sin saberlo, yo soy tu jefe, el director de tu empresa y el marido de la señora que te estás tirando... El doctor hoy vendrá 10 minutos más tarde, deben haberse confundido con las citas, a veces pasan estas cosas.



Un repentino nudo atrapó su garganta como si una mano invisible quisiera ahogarle sin perdón de ninguna clase, no podía articular ninguna palabra, como si el corazón y la sangre hubieran quedado paralizados en aquel instante, casi se orinó en los pantalones de aquel cómodo diván. Lo que no podía imaginar es que al día siguiente dejaría de ser segurata, su jefe le ascendería a director de seguridad, en la empresa, a cambio de contar la verdad ante un juez.



domingo, 23 de noviembre de 2008

Se vende Alma.-


Presiento que las primeras tormentas de este otoño no traen nada especial, aparte de agua siempre tan necesaria. Me despierto sin ninguna razón aparente. Me asomo por la ventana y veo que mi vecino el del 6º ha colgado un cartel que dice : "Se vende alma”...
También, ha dejado un número de móvil y unas palabras más pequeñas que dicen:
“profesionales y bromistas abstenerse” y otras más aún , por último, en el que reza: “no iré a las TV a contar nada”.
Al poco tiempo, aún no me había vuelto a la cama, me pareció escuchar como si todas las alarmas saltaran en el cielo, en algún lugar indeterminado, un eco celestial que anunciaba la gravedad del suceso y la celeridad con la que se iba a actuar desde la más alta de la gerarquías. Al instante veo como un ángel baja del cielo y llama preocupado y discreto a la ventana del tipo del 6º.

- Oiga vecino, soy un ángel me han enviado por lo de su anuncio. Desde las alturas me encomiendan que le comente que estas cosas no son buenas que se hagan públicas. Si me dejara pasar podríamos hablar tranquilamente.
- No tengo nada qué decir, ni negociar, ni recapacitar. Márchese por donde ha venido. Tengamos la fiesta en paz o las cosas se pondrán peor.
- Como quiera, usted decide.
Un leve aleteo angelical pone fin a la conversación que escucho sin mediar palabra.

En pocos días mi vecino estaba en boca de todos, en Internet su anuncio tenía más entradas que el reciente triunfo, tan esperado, de Obama, tenía cientos de visitas a las puertas de nuestro edificio de sectas, sacerdotes, “okupas”, políticos de un signo y el contrario, incluso mujeres divinas, anónimas y famosas, ofreciéndole su cuerpo y sus fantasías. Al parecer uno de estos días incluso vino a visitarle uno de los más famosos banqueros del mercado internacional, al que cuentan que no llegó a recibir, pero el señor insistió desde el otro lado de la puerta y le dio todo tipo de explicaciones de cómo obtener más beneficios con el montante de la futura venta.

De buenas a primeras, retiró el cartel sin decir o aclarar nada. No sabemos si vendió, a quién o quiénes, ni el precio. Su vida aparentemente no cambió. A los pocos días, ya todos van olvidándose de esta historia. Ahora la gente está pendiente de un personaje que dice que va a demostrar que Santa Teresa levitaba. Al parecer una noche ella misma le reveló el secreto, lo cual ha transcrito, editado y maquetado en un DVd que prontó saldrá al mercado por fascículos a un precio razonable.

A mí estas cosas no me quitan el sueño. Pero siempre me resultan curiosas de contar.


El vecino del 4º


posdata: la vida de los mercaderes y vendedores de humo al parecer no ha cambiado en los últimos dos mil años...a ver cuándo nos llega el "todo gratix"...

domingo, 16 de noviembre de 2008

Dame tu dinero Papá...






-Papá quiero la luna.

-Si claro, pequeño la luna será tuya.

-Papá quiero el viento, el mar, quiero el universo entero.

-Si claro, pequeño todo será tuyo.

-Papá, levanta las manos, dame la cartera, las llaves del coche, quiero tus amantes. Dame tus mejores secretos, los planos y la contraseña de la caja fuerte.

-No crees que estás creciendo demasiado rápido pequeño.





El informe del Comisiario no aclaró las extrañas circunstancias en las que padre e hijo parecían haber muerto. Todo apuntaba a que el auto nuevo, un modelo exclusivo, saltó por los aires. Aún no habían encontrado rastro de los cuerpos, y lo más extraño tampoco señales de huída, ni sangre...

El Comisiario tenía pendiente entrevistar a la madre, la primera sospechosa, el seguro y la cantidad a cobrar en estos casos siempre apuntan a sospechas posibles...





-Comisario???... vamos a casa de la viuda...estará desolada no???...

-Es posible muchacho...tú de mayor no le pidas a la vida demasiadas cosas.

-Si señor Comisario, pero un pechizco para Navidades no nos vendría mal.

-Le dices a tu nobia que te pellizque entre las piernas, ganarás más, hazme caso.



El humo del cigarro del Comisario dibujaba interrogantes y cuerpos sexis de chicas desnudas, la carretera casi cubierta de niebla se entremezclaba con las bocanadas del tabaco, el día frío. La emisoria de radio dejaba sonar un letanía de frases en clave indescifrable para los mortales comunes.



-Vamonos chico. Nos pagan para resolver casos, no para mirar hacia el infinito.





El vecino del 4º





Posdata: Coque Malla va estrenar disco nuevo, lo he escuchado por la radio, se me vino una canción a la cabeza y ahora este texto...las cosas pasan sin sentido, el frío y la niebla me llevan por caminos extraños... por eso adoro encerrarme entre el edredón nórdico de plumas cuando escucho tus pisadas por el pasillo de mi pisín...




jueves, 6 de noviembre de 2008

YaMo.-




Cuando estás de guardia pierdes la noción del tiempo, por un lado deseas que se termine cuanto antes y por otro seguirías aquí para siempre. Me han dicho que en la 461 hay un paciente que se queja, que nadie le entiende. Intentaré hacer algo. No se por qué pero estas cosas siempre acaban tocándome a mí y lo agradezco profundamente.

-Cómo te llamas?...
-Yamo.
-Cómo dices?...no te entiendo.
-Doctora, dice que se llama Yamo. Es un nombre muy común en nuestra tierra. Ya le hemos explicado que aquí le traerá problemas y siempre tendrá que dar muchas explicaciones. Pero no acepta cambiarse de nombre. El habla aún poco. Yo soy su amigo, pero llevo años en su ciudad.

-Ah bien gracias. No importa. Yamo, quédate tranquilo te haremos unas pruebas y te contaremos qué te ocurre. Tienes buenos amigos, ya veo que te ayudan en todo.

El se resistió a decir nada más. El dolor le debía de estar molestando una barbaridad. Mandé que le pusieran cuanto antes una dosis baja de morfina.

Sus ojos lo dicen todo, saldría corriendo de aquí para escaparse a pescar cangrejos o cigalas, para poner una red y sentarse a esperar, para notar los pies mojados dentro de aquel mar lejano que tantos recuerdos le traen ahora. Es como si supiera que el mundo se terminará para él en poco tiempo.

Tiene la piel con un brillo especial, dentro de esas sábanas blancas aún le resalta más. Ha dejado de comer, se pasa todo el día mirando por la ventana, intentando buscar algo en el horizonte. A veces incluso gira la cara, como si intentara escuchar a alguien las voces del otro lado del mar que le trajo aquí.

Esta mañana, definitivamente, tengo que darle los resultados del estudio. Cuando me dirijo a él, antes que pueda decir nada, abre su mano y me regala un pequeño elefante de madera, una luna también de madera y una pequeña estrella. Cierra los ojos y se da la vuelta. Creo que las dosis tan altas le mantienen adormecido casi todo el día, pero es lo mejor. Hoy está solo, hasta que no llegue su amigo no podré explicarle nada, apenas me entiende.

Siempre he sabido que esta es mi vida, mi profesión, pero en días como hoy también saldría corriendo descalza hacia el mar que vio nacer a Yomo.


El vecino del 4º

Posdata: dedicada a vos, Amaya, y a una profesión que vive a diario entre el dolor y el final del camino, a veces también entre las risas y el principio de la vida.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Había truco tras el secreto.-




Ella volvío a decir "Ven". El abrió los ojos como un niño sorprendido y revoltoso. Intentó decir unas palabras pero resultó del todo imposible. Esta vez la chica nueva de la oficina se le adelantó.


- Tienes razón animal. No tengo ningún secreto que contarte. Tus ojos me devoran cada día desde el primer momento, mi cuerpo huele tus deseos. Ven. Tenemos un instante que será eterno. Podremos repetirlo con más tiempo, pero ahora cierra los ojos que vivirás por fín el mejor de tus sueños.


Según cuentan en su trabajo. Desaparecieron para siempre. No dejaron una nota, no pidieron finiquito. Se encerraron entre cuatro paredes por un tiempo hasta que la luna y el sol, juntos, les vinieron a visitar. Ahora, al parecer también salen a pasear por los parques de la ciudad, a veces incluso hablan con sus vecinos.


Puede que estas cosas no estemos acostubrados a que ocurran. Yo sólo se que sus gemidos recorren la noche de los tiempos, sus besos suenan como un viejo violonchelo.



El vecino del 4º


Posdata: no tenía un secreto. Jo. Compartieron un deseo, por un tiempo, para siempre... qué importa el resto...

lunes, 27 de octubre de 2008

Secreto.-



Aprovechando que todos se habían ido a desayunar. Ella le miró con unos ojos impresionantes, un brillo especial, incluso antes de hablar pasó su lengüecilla por los labios. El supo que había llegado el momento.



- Ven. Tenemos el tiempo suficiente-dijo ella-.



El tomó aire precipitadamente, comenzó a hablar, antes de que ella pudiera reaccionar, sus manos no paraban de moverse, un tanto atropellado, pero dijo todo lo que tenía que decir a quema ropa, sin titubeos.



- Estaba esperando que me dijeras eso. Ven... cielos!!! en tus labios que bien suena. Yo lo dejo todo por tí. Mi mujer, mi suegra, mi cuñado. No tengo hijos, y por lo que te he escuchado decir, los animales no te gustan. Yo también paso de caniches sarnosos y compañía. No soy todo lo que dicen de mí. Llevo un poeta y un revolucionario dentro. En cuanto que me des el primer beso comprenderás que somos el uno para el otro, aunque no lo parezca una parte de mí es una bomba sexual. Te adoro, sueño contigo desde el primer momento que te ví. Me pones a cien. Entre los informes y cierres de balances no se cómo ocultar las erecciones que me provocas.



Ella como si no hubiera escucha nada. Le paró en seco poniéndole su dedo índice entre los labios para parar tanta berborrea descontrolada.



-Anda calla, ya me avisaron que eres el más loco y divertido de la oficina, siempre imprevisible, creativo con las cuentas y buen compañero. Escucha tengo que contarte un secreto. Céntrate que vendrán del desayuno y no me habrás dado tiempo para contártelo.



El quedó en silencio, se relamió discretamente los labios, por dónde había pasado el suave dedo de élla, búscando el sabor de su piel, y escuchó sin darse por vencido. Pensó para sus adentros "Una derrota,temporal, no implica perder la guerra".




el vecino del 4º



posdata: si todas las posdatas me cuestan más trabajo que el propio texto, en esta es que directamente no sé qué decir...espero vuestra comprensión, a veces desde mi ventana veo escenas un tanto inexplicables...



martes, 21 de octubre de 2008

Al otro lado.-




Creo que es tarde. Como casi todas las noches. No importa, ni tengo prisa ni mañana madrugo. Al otro lado de la puerta alguien golpea sutilmente.
-Si tapas con tu dedo la mirilla no se si te abriré la puerta. Quién eres?...
El silencio es toda respuesta. Un olor irresistible me atrapa. Como si unos gemidos que sólo yo escucho me invitaran a abrir. Ahora no golpea la puerta, la acaricia, lo siento con toda claridad como si me recorriera todo el cuerpo una mano suave, sensible, cautivadora e invisible. Me excita sin que pueda evitarlo. Entra en mi cuerpo para mezclarse con mis más ocultos e inconfesables deseos ancestrales.
- Quién eres?...mi última amante?...mi musa preferida?...mi último deseo?...lo que siempre he esperado?...mucho más que todo eso???...Dime algo...
Nada más que silencio. Todo se detiene. Un segundo se me hace infinito esperando una respuesta.
A la mañana siguiente, mi primera impresión es que mi último sueño tendré que contárselo a alguien para buscarle alguna explicación porque los psicólogos están demasiado caros. Al abrir los ojos para empezar el día sobre una de mis manos tengo un pañuelo blanco, bordado, por momentos me sobrecoge el hallazgo aunque su delicado tacto me reconforta y cautiva. Tiene dibujados unos labios con carmín. Sobre mi mesita de noche en un vaso a medias de agua hay una rosa roja que tiene dibujada, en uno de sus pétalos, una luna.
Humedezco mis labios como si fuera a decir algo, aunque soy consciente que estoy solo, me paso las manos por la cabeza un poco para colocarme el pelo, un poco para intentar aclararme. Creo que necesito un zumo, un café y algo dulce.



El vecino del 4º


posdata: no hay más camino que el que se anda ni más fantasía que la que se vive...en todo caso... siempre nos quedarán los sueños...

jueves, 16 de octubre de 2008

Balance equilibrado.-



Se detuvo, su cuerpo sudaba por todos sus poros. Se recogió el pelo con una de sus manos. Dejó de jadear. Intento tomar aire como para recuperarse. Encima de él, galopando sin control, se creía la diosa del deseo coronando el universo. Delicadamente se retiró para quedarse mirando su glande instantes antes del momento final.

- Si quieres que siga me tienes que pagar.
- Lo que quieras bombón. Soy tuyo.
- Son quinientos euros.

El se levantó y sin regatear buscó entre sus bolsillos, en uno de los cajones de la mesita de noche, con unas cuantas monedas consiguió la suma total. Sin regateos. Sus ojos, su cuerpo y sus gritos dieron por bien pagados aquello.

- Cariño, no sé cuanto cobran las prostitutas, pero si cobran esto... no entiendo como no se forran.
- No sé, nunca antes había pagado.

Llevaban siete años de matrimonio. Buscando siempre entre el deseo y la fantasía que el sexo fuera uno de sus secretos mejor guardado. Siempre escapando del aburrimiento y la monotonía. Aquello les gustó. El comenzó a pagar religiosamente. Si había extras en la cama el precio subía, pero siempre el límite fue el precio de la primera vez.
A los pocos meses el empezó a hacer horas extras en el trabajo. Más tarde pidió un adelanto de las pagas extras, un crédito personal, comenzó a pedir prestado a sus amigos. Lo dejó arruinado. Anduvo pidiendo en los semáforos y a las puertas de las iglesias. Pensó en robar, dar un buen golpe, aunque el miedo se lo impidió.

Aquella noche por su mirada ella estaba ardiendo, más allá de los límites, sus ojos clavados en su entrepierna. El en cambio no sabía cómo decir que le habían despedido. Ella comenzó a mojar su dedo índice en la miel, restos del postre de la cena, saboreando el dulce néctar sin dejar de mirarle fijamente. Abrió sus piernas como si el universo naciera allí mismo.
- Ven pequeño. No te asustes.
Sin mediar palabra se abalanzó a devorar todas sus mentiras, sus desfalcos, su despido, la pérdida de amigos. Cuando ella estaba a punto de gritar como el volcán perdido en la noche de los tiempos. El levantó su rostro y con los ojos un tanto idos dijo.

- Ahora te toca a ti. Si no pagas hoy no hay más sexo.
- Sí cariño, duplicaré tus pagos pero sigue.

A los pocos meses en aquel domicilio, a pesar de la crisis, el balance de cuentas estaba equilibrado

El vecino del 4º


Posdata: miré a los bancos y no encontré nada, miré a los políticos y no sabían qué hacer...siempre supe que la economía doméstica busca las salidas mejores, las mejores recetas...


miércoles, 8 de octubre de 2008

Gigantes en el horizonte.-






- Querido amigo y fiel compañero de fatigas, querido Sancho. Es como si hubiera estado soñando demasiado tiempo, me despierto como si hubieran pasado años desde la última noche. Con el cuerpo un tanto dolorido, cansado, acaso confundido. Es como si hubiera tenido cientos de pesadillas. No sé bien qué decirte.

- Así parece mi señor Don Quijote. Ándese con cuidado, ha estado reponsando de su convalecencia. Ándese con cuidado se lo ruego, por una vez, hágame caso y discúlpeme si oso en darle consejos.

- Bien querido Sancho te contaré un secreto. Aún recuerdo aquella otra vez con recuerdos agridulces. Pero créeme querido Sancho. En esta ocasión he vuelto a ver Gigantes. Enormes, colosales, altivos, casi infinitos, allá en el horizonte sobre las colinas de siempre.

- Mi señor no me asusteis. Recordad que aquello no fue para repetirlo, ni siquiera para rememorarlo.

- Los he visto Sancho. Pero esta otra vez, no se qué decirte sobre sus intenciones. Acaso estoy confundido. Es como si este mundo hubierase envejecido y transformado.

- Recordad a vuestra amada Dulcinea mi señor. Eso os hará bien. Poco a poco iremos recomponiendo este escenario. Yo también estoy un tanto confundido y desonrientado.

- Como siempre mi buen Sancho, vuestra lealtad me emociona, vuestros consejos me reconfortan...ahhhh!!!! y mi amada...ella es el centro de todas mis esperanzas, todas mi batallas, las perdidas y las ganadas...en fin...descansaré un poco más... pero juraría que ví esos Gigantes...



El vecino del 4º


posdata: quiero ser quijote y sancho...sólo porque sé que tú serás mi dulcinea...

sábado, 27 de septiembre de 2008

Crisis financiera.-




- Buenas, verá señor director del banco. Venía a comentarle unas cosas sobre mi hipoteca y demás asuntos relacionados con mi economía doméstica.
- Sí como no, siéntese, como ve usted estamos muy ocupados, iremos directo al asunto para ahorrarnos tiempo, que como bien sabrá antes se decía que era oro, ahora se dice que el tiempo es petróleo. Bien. El asunto es muy sencillo, son malos tiempos para todos, vuelva a leerse las condiciones de su hipoteca. Como sabrá no está en mis manos...procure estar atento a su saldo y no deje de pagar todos los meses...porque estas cosas cuando se complican no están en mis manos... comprende???...
- Si, claro, si no pago inician de oficio tramite y me subastan la casa. Es así???...
- Bueno sí, pero claro no tiene por qué ocurrir...tranquilícese no???. Tómese un caramelito de menta para aclarar su voz.
- Ya...comprendo...no se preocupe señor director...buenos días y hasta la próxima. Que tenga un buen día...

El día era gris aunque el calor sofocante, un día de esos en que el bochorno golpea lentamente. Tragó saliva, no sabía como explicar a su familia que seguramente en pocos días se quedarían sin casa. El director lo había dejado claro. El proceso se iniciaría sin remedio, sin marcha atrás.

Al mismo tiempo en otro lugar de esa misma ciudad la conversación era parecida.

- No te preocupes Espencer, tenemos a los compromisarios atados por las pelotas.
- Pero es seguro?...en las noticias parece que no quieren soltar la pasta.
- Bueno es normal tienen que polemizar para quedar bien con sus votantes. Pero al final el sistema soltará los dólares que hagan falta. No podemos permitir que los bancos salten por los aires. Uno de los primeros es el nuestro...recuerdas???...
- Ya. Esperemos que así sea. Hay mucho en juego... por cierto y se va a buscar una salida para los usuarios .
- Los usuarios???...quienes son los usuarios???...relájate...tómate tu combinado...es momento de salvar la institución y de empezar a comprar propiedades.


El aire se recalienta, la tarde va dejando paso a una noche incierta. Unos sudan por el miedo que va empezando a ser colectivo mientras otros se frotan las manos. Sus ojos brillan como cuchillos al rojo vivo. Sobre la ciudad corren las hojas de los periódicos anunciando que la crisis va en serio.


El vecino del 4º


posdata: estaba en mi ventana y el viento me ha traido estas palabras envenenadas...no siempre veo jazmines y azucenas...sorry...así es la vida...

jueves, 18 de septiembre de 2008

Amantes desaparecidos.-



...hay un vieja leyenda que cuenta que un día el mar y el río marcharon juntos de la mano para descubrir el mundo, para intentar saborear su amor imposible...anduvieron por muchos parajes, conocieron reyes, se mezclaron con el pueblo llano...hasta que al final llegaron a un hermoso desierto...cuentan que quedaron enamorados de tanta arena seca y ardiente... que decidieron quedarse allí para siempre, para pasar desapercibidos, sin tener que dar explicaciones...ellos, mar y río, enamorados imposibles, se enterraron para siempre entre las arenas de algún lugar desconocido...



el vecino del 4º


posdata: ...cuentan que en noches de luna, si se está atento, se escuchan gemidos entre las arenas de los desiertos, suena cómo música de amantes...

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Se fue.-



Se marchó de casa para siempre para evitar volver a sacar ninguna bolsa de basura más. Un polifacético artista como él, un poeta de las partituras, un delicado violinista. Sus amigos siempre bromeaban con él, cada vez que se reunían en su mansión para aquellas veladas interminables y tan enriquecedoras. En el fondo le admiraban, un tipo extraño, peculiar, introspectivo pero sociable. Dominaba varios instrumentos, era excelente en las esculturas de granito, fundía como nadie el bronce, sus fotografías habían recorrido el mundo varias veces, alguna de sus novelas habían saltado las barreras comerciales. Tenía tiempo para todo y sin embargo sus amigos bromeaban con él con un asunto recurrente y con aparente poca importancia.


- No puede ser amigo - le repetían una y otra vez- un tipo que puede llegar a tantas cosas, que domina tantas artes... ¿cómo jamás a sacado una bolsa de basura a la esquina de su casa?. Es una experiencia enriquecedora. Pruébalo.

- Ya sabéis. Mamá nunca me encomendó tareas o responsabilidades de ese tipo.

Las risas y el eco se mezclaban con la tenue luz de las velas. Un discreto olor a habanos se mezclaba con el sándalo encendido en lugares estratégicos. Licores variados y montones de hielos junto a pasteles exquisitos que apenas eran tocados. Una mesa abarrotada de comensales, que recordaba a siglos anteriores, presidida por un tipo incomodado por la misma broma de siempre.

Los últimos invitados se marcharon poco antes de las cuatro de la mañana.

-Tomás, por favor, prepárame una bolsa de basura con algunos restos de esta noche. No la cargues demasiado. Es mi primera vez.

Fue todo lo que dijo a su cómplice, viejo amigo y mejor mayordomo que jamás uno pudiera imaginarse.

- Muy bien. Como quieras. No creo que te hayas perdido demasiado en los últimos cuarenta años.


Esa fue la última noche que lo volvieron a ver.

Yo por mi parte sigo recogiendo cartones en las noches de luna llena, es cuando mejor trabajo. Además también sigo viviendo cerca del vertedero de mi podrida ciudad. Sólo que últimamente algunas noches alcanzo a escuchar bellas melodías de un viejo instrumento. Puede que no entienda nada de música pero ese violín se me ha metido en el alma. He, además, notado como si una mano invisible modelara cada noche ,extrañas, pero fascinantes esculturas con los restos que los camiones vuelcan sin demasiadas contemplaciones. En el suelo a veces he llegado a leer poemas compuestos con botellas de cristal y cartones de leche. Quien diría que las musas también pueden habitar en un lugar tan infecto como este. No tengo dinero para ir al psicólogo ni quiero dejar de beber. Se además que no podría contárselo a nadie, quién me creería. A mí total me importa todo bien poco. Para mañana tengo suficientes reservas de comida, tabaco y bebida, que como está la cosa no voy mal.


Espero que esta noche la música me vuelva a ayudar a conciliar el sueño.






El vecino del 4º




Posdata: Desde mi ventana además de amantes que se entremezclan en sus jugos y deseos también se ve el mundo de cerca con detalles más indigestos...Amor, azucar, tragedia y locura...tenemos de to...

viernes, 29 de agosto de 2008

Caminos nuevos, viejos caminos.-




En este universo estival de la fantasía he viajado desde un lugar sin nombre, antiguas tierras que decían de “Conquistadores” , hasta un universo nuevo, un lugar de viejas tierras de olivos centenarios junto a otros más jóvenes. Sin embargo hay muchas cosas que me recuerdan mi anterior vida. Los amantes también se buscan entre las sombras y en las noches de luna llena sus aullidos me siguen poniendo los pelos de punta. Por otra parte cuando amo sin control siempre creo que no terminará nunca el instante en el que tu cuerpo no es tuyo estando dentro del otro. Tus sentidos no se pueden controlar y el fluido escapa a tus deseos, tus sueños y tus anteriores experiencias. Cada vez que amas como un animal primitivo, si no encuentras algo nuevo, la cosa, tiene poco sentido, creo. Algo mecánico que sólo se repite una y otra vez puede que deje de tener sentido. En cambio un juego eterno de descubrimientos, dónde reconozco que hay quien pueda pensar que no hay nada por descubrir, a mí me sigue fascinando. Qué le vamos a hacer...yo sigo apostando descubrir entre la nada y el infinito...

Estos días el viento solano acorrala a las plantas, a los animales y a los homínidos nos vuelve más despistados, recelosos, lentos y pendencieros. No hay manera de ver musas ni poetas con viento solano. Ni siquiera dejando un vaso con hielo picado, ron y azúcar de caña y un poco de hierba buena bien golpeada. Dicen que falta poco para que venga el reponedor viento ábrego. Que así sea. Esta sensación de dormir entre el fuego de la noche y el viento ardiente hace que los cuerpos caminen sin rumbo cierto, sin deseos, sin sueños de esos que alivian los males del alma.

Abro la ventana y cienes y cienes de olivos me miran, veo entre sus hojas cuerpos desnudos que se insinúan sin reparos abiertamente. Sus lenguas danzan a plena luz del día y en un instante la danza del viento se mezcla con la pasión de los cuerpos juguetones. Una mancha de aceite me resbala por las mejillas, la emoción me puede. Y en las tierras de Andalucía qué otra cosa se puede llorar que no sea aceite virgen de la almazara más próxima. Mis pies se asientan sobre las señoriales tierras de Canena, nacida de Jaén y en el corazón de los olivares más mimados del universo que conozco. Las mujeres tienen unos labios carnosos, unas miradas entre el fuego y el hielo distante, sus cuerpos se esculpen sobre caminos de romero y menta. Besan con un ligero sabor a menta y anises molidos. Si bebes en sus fuentes eternas ya nunca más vuelves la mirada ni al mar ni a otros ríos.

Paseo entre el polvo del Sur y los sueños de las palabras que me invitan a seguir guardando algunos secretos inconfesables. Mi memoria a veces es infinita, a veces sólo le caben unas escasas palabras: Sus labios, sus caderas, sus cabellos, sus silencios por debajo de sus gemidos.

Veo al fondo del camino que viento cambia de dirección.

Ábrego que tanto te esperan, dales los que les quitó el solano.


El vecino del 4º



Posdata: un recuerdo especial a ustedes las que habitan en el Sur: Mariquilla, Gata, Coco, y mucha más gente que olvido, mi memoria flaquea con el calor, seguro...

jueves, 24 de julio de 2008

Espejismos urbanos y veraniegos...




...Abrí anoche las ventanas, primero una y después de una en una hasta abrirlas todas...no conseguí arrarcarle a la madrugada una brizna de viento... el calor me quitó la visión nocturna desde mi refugio...dentro de mi garganta noté que corrían cientos de caballos árabes buscando el mar... "a galopar a galopar hasta enterrarlos en el mar". Busqué agua dulce, para calmar su loca carrera. El calor es una pesadilla que alfombra toda la ciudad en pocas horas. Y cuando viene y se instala no hay manera de librarse. Aún me resisto a acondicionarme con aire acondicionado. Aún sigo reflexionando en ríos de sudor que corren si merece la pena resistirse y perecer entre el fuego y el infierno. Total son cuatro días. Total si te pones debajo del agua es como si el mundo se restituyera inmediatamente por al menos unos instantes.


Esta mañana me he levantado, camino descalzo y desnudo entre el asfalto, los coches y las vías del tren. La ciudad está respirando con dificultad como si fueran sus últimas horas. A nadie parece importarle. Que diferencia hay entre inhalar más ozono del permitido que atiborrarse de nicotina en los lugares permitidos por cualquier decreto. Y los que no salen de casa, y no fuman pero le dan a un recetario amplio de pastillas de todos los tamaños y colores???... En fin...En la ventanilla me dan el recibo, me subo al tren y veo que los labios de quienes me rodean se mueven lentamente, no escucho sus conversaciones, parece que cada uno habla en un idioma particular. Cada uno con una bandera en su corazón. Un pasaporte. Una nación en cada asiento de este tren que me lleva al final de una estación que no tiene nombre.


Tras el primer café, tostada crujiente y aceite de Jaen-Jaen empiezo a ser consciente que ya no existo. Ya no estoy aquí. Viajo a la velocidad de la luz divina que me transporta a mis putas y merecidas vacaciones. Mi jefe se podrá apoderar de mi jornada, de mis objetivos, de mis gestiones, de mi mesa con su puto PC, puede que oficialmente aún no pueda transpasar la frontera. Pero no estoy aqui. No escucho. No veo. No siento. El sol no dejará marcas en mi rostro. Abro mis labios y el agua renueva mis sueños sin pedir permiso.


Cada vez que llega esta época siempre tengo la sensación que jamás volveré. Ser parte de una cadena-laboral, un horario y una nómina tiene tantos inconvenientes que aún no entiendo qué hago aquí.


Sólo me queda pensar en sus caderas brillantes, redondeadas, su mano se estará deslizando disimuladamente hacía el centro de sus deseos, recordando el último revolcón de hace apenas unas horas. Sus pechos en esta época saben a melocotón. También me gustan cuando saben a naranja. Sus labios dibujan en el horizonte la lujuria que me permite entrar y salir de este despacho infinito. Sin sus fluidos entre mis dedos no podría teclear ni un solo informe, ni una sola cita. No conquistaría la cima cada día de vuelta a casa. Ni yo ni mi entrepierna despierta ficharemos hoy a la salida. Y aunque lo hagamos seremos otros porque ya NO estamos aquí. Y lo peor de todo si acaso vuelvo después de las vaciones, no seré yo. Pero nadie se dará cuenta de nada.



El vecino del 4º




jueves, 17 de julio de 2008

Cuarto tiempo y final.-




CARTA A QUIÉN SABE NADIE.
QUIÉN SABE POR QUÉ.

A/A : Sin destinatario concreto.
DE: El vecino del 4º.


No puedo creer que esté escribiendo una carta dirigida a no sé quién. A un destinatario desconocido, indefinido, inconcreto. No encuentro la necesidad ni la explicación, pero aquí estoy pegado a las teclas de mi PC. Y por lo que veo no puedo parar. Así pues, me dejaré llevar hasta el mismísimo lugar o persona desconocido que sea.

Mediante la presente me dirijo a usted para contarle mi situación concreta. He realizado un descubrimiento sorprendente y del cual me siento gratamente recompensado y un tanto ruborizado.
Creo que es sabido por todos que existen múltiples y casi infinitas maneras de llamar a una cosa u acción con muchas y diferentes palabras. En concreto a mi memoria se me vienen unas cuantas palabras o frases tópicas para hablar del mismo asunto: “marcha atrás”, “coito interruptus”, “aquí te pillo aquí te mato”, “polvo fugaz”, “ya???, pues vaya”, “hasta el infinito y más allá” (está quizás sea otra cuestión, no sé)… En fin que amar, hacer el amor, aparearse, rozar la cebolleta y cosas mil variadas tienen frases y expresiones de sobra conocidas por todos. Ahora no nos hagamos ni los estrechos ni los novatos.
Otra cuestión importante sobre el asunto es el tiempo del lance. Con y sin incluir prolegómenos, devaneos, retiradas a tiempo y demás adornos previas a o entre y el final. En definitiva no hay dios que se ponga de acuerdo en cuánto tiempo es el ideal. Todo el mundo coincide en lo genérico, ni mucho tiempo ni poco. No existen reglas fijas. Incluso con datos objetivos y matemáticos de otros asuntos, sí, cantidad por ejemplo, no hay manera de ponerse tampoco de acuerdo. Se cruzan criterios y preferencias, veinte centímetros no son siempre veinte. Calidad frente a cantidad es un argumento que va y viene. En fin. Caminos inescrutables y designios del señor infinitos que no nos terminan de poner de acuerdo en nada o casi nada sobre y referido al sexo. He dicho sexo???…sí, quería decir sexo desde el principio de mi epístola. Así es. Me siento mejor. Prosigo.
Por todo esto, y anteriormente referido, no quiero hablar de tanto tópico. Quiero contarle una experiencia singular, al menos para mí. La cosa había empezado bien. Pactamos, porque estas cosas si se pactan mucho mejor. Pactamos ella y yo que sería rápido. Alguien tenía que llegar a casa a lo largo de la mañana.

- Mejor uno rápido ahora. Y uno tranquilo a la noche.
- Hecho, mejor uno fugaz que ninguno.

Estábamos en ello, ese arranque fugaz, ese instante que siempre parece poco e insuficiente, pero tan ansiado…no concluía, excelente, no sería tan fugaz-fugaz…pero cuando estábamos casi al final sonó el timbre y con extrema rapidez aparecimos visibles ante la visita esperada. La cosa se fue liando y no hubo manera de terminar lo empezado. Un tiempo. Más tarde, ya pasada la hora de la comida, con juegos de miradas cómplices ambos sabíamos que se acercaba esa hora mágica dónde muchas cosas se reconcilian y se reeencuentran entre la piel y los deseos. La mágica siesta sería nuestra oportunidad de cerrar un círculo inconcluso. Al menos eso pensamos. No fue posible, una, dos… y hasta tres llamadas del teléfono. Los vecinos llamaron para avisar que cortarían el agua. Quién quería beber agua en esos momentos, después sí, pero con los cuerpos entrelazados, fusionados, abrasados…Nada no hubo manera de terminar. Segundo Tiempo. Tomamos un té helado entre risas y guiños. Total la noche estaba cerca. El pacto seguía vigente. Sería cuestión de tomárselo con calma. Toda la tarde y parte de la noche que se acercaba fue un continúo esperar, un rozo y cruzarse entre los pasillos de la casa sabiendo que había algo que aún no había acabado, que estaba por llegar, como muchas otras veces pero esta vez se había mantenido en el aire de una manera distinta.
Ya sin tiempo de por medio. Sin prisas. Sin metas previas. Los cuerpos se envuelven con esa lentitud ceremoniosa, esa actitud de mezclarse para saborear hasta el último instante previo al goce final. Me estaba gustando. Ella y sus gemidos hablan el mismo lenguaje de compensación en el goce compartido y acordado. Pero no llegaba el final para ninguno de los dos. Por increíble que parezca sonó el teléfono con tanta insistencia que no pude resistirme a cogerlo envuelto en una mezcla increíble de sudor y fluido variado. El tío estaba en urgencias. Tuvimos el tiempo justo para decir si, tomar dirección, coger la cartera, las llaves y alguno de los móviles. Pasamos una noche en vela rodeados de máquinas y ruidos. Nuestras miradas se entrecruzaron miles de veces, no pudimos dejar escapar alguna mueca de complicidad. Tercer tiempo inconcluso. Esto empezaba a ser un destino???…
Cuarto tiempo y final. Al volver del hospital. Una vez que llegamos a casa. Ya sabíamos que lo del tío no era tan grave. Los móviles apagados. La puerta cerrada con todas las vueltas. Los móviles cerrados, fuera de cobertura o en silencio eterno, puestos boca abajo y sin mirarlos. Voló la ropa, con alas de deseos incontenidos. Los labios buscaron a los labios, las manos arañaron el aire, entre risas y gemidos allí mismo, contra la pared, sin recorrer un centímetro más. Cuarto tiempo y final. Explosión. Mas de cuarenta y ocho horas para terminar “mejor uno rápido que ninguno” que dijimos el día anterior. Contando así alguien podría imaginar insatisfacción o cosas peores. Pues no. Al contrario. Por eso le dirijo esta carta a usted, sea quien sea, esté dónde este. Es posible que el cúmulo de circunstancias jamás vuelva a repetirse. Pero le confieso que ha sido increíble. Probablemente también irrepetible. Quién sabe. Yo por si acaso se lo cuento. Estoy incluso hasta por registrar el incidente, por si fuera un invento o algo.

Sin otro particular, quedo a su disposición.
Atentamente su querido vecino del 4º.



Posdata: no hay posdata...



viernes, 11 de julio de 2008

Chesterfield Town.-




He logrado estar todo este año estudiando ingles y auque no sé aún si he aprendido algo, lo cierto es que me ha servido para escaparme de mi barrio por unos días. El avión no es mi preferencia para moverme, pero es lo más rápido. Cerrando los ojos al salir y al llegar al destino, todo lo demás es como si no tuviera importancia. Creo que he viajado en grupo, pero como siempre es como si hubiera estado la mayoría del tiempo sólo con mis fantasías y esos personajes que van entrando en mí sin apenas darme cuenta.

Hemos llegado al hotel con ganas de patear calle, de practicar el idioma, de hacer amistades. Venía buscando el calor de las voces desconocidas y ha sido la arquitectura la primera que me ha atrapado. Esas casas centenarias que cuentan historias en silencio, esos suelos empedrados suaves por el desgaste del agua y los viandantes. Esas pequeñas iglesias rodeadas de lápidas centenarias. Y todo tan verde. Veo tanto verde junto, jardines milimétricamente podados, árboles inmensos, más que centenarios, un aspecto tan delicadamente conservado que el alma se me alegra al instante, sin embargo las gentes de aquí no parecen alegres, en sus caras es como si escondieran miedos milenarios y desconfianzas pasadas. Sus rostros blanquecinos les da una cierta apariencia de débiles y enfermizos. No parecen saber reír a pierna suelta. Intento tomar notas en el papel, pero no puedo evitar echar mano de la cámara de fotos, el primer día estoy tan nervioso que me dejo llevar hasta perderme. Mis pies mandan.

Sin apenas darme cuenta la noche me ha sorprendido, delante de un viejo Pub, “Captain Morgan”, mis pies no pueden evitar subir unos escalones. El olor a cerveza de barril es penetrante, la música alta suena Bon Jovi. En la barra una inglesa trata de entender que quiero una pinta de Guinness, es lo más sencillo para empezar. Un lugar casi vacío, amplio, con ese color de que el tiempo por aquí ha pasado dejando huellas, una mesa de billar dónde juegan dos muchachos demasiados jóvenes sin sexo definido a primera vista. Juegan con las bolas rojas y amarillas, sorteando la negra y golpeando con la blanca. Entre bola y bola se rozan y se miran con ojos felinos. En este antro tardan demasiado en tirar una cerveza, había olvidado que la cerveza negra se sirve sin prisas, sin demasiada temperatura y sin aperitivos. Me da tiempo para ojear, hay libros antiguos en un rincón, y un viejo piano cerrado a cal y canto. De Bon Jovi los acordes dan un salto y de repente suena el Muro de Pink Floyd. Contundente, es como si la luz en el local bajara, a mis espaldas un escalofrío me hacen girar la mirada. Un joven con el pelo despeinado de estudio abraza a una chica con unos pechos exultantes. Se funden en un beso de lenguas profundas, ella afectada por el alcohol apenas atina a meter la mano en la bragueta de él. El busca bajarle el pantalón con prisas, atropelladamente. La barra del bar está solitaria, y yo es como si nadie me estuviera viendo. Han debido aprovechar que la camarera habrá ido al servicio. El pantalón de ella ha caido sobre el taburete, sus piernas se enrollan en el torso del joven, el minúsculo tanga cae al suelo de un solo tirón. El empuja, casi con espuma en la boca, jadeando mientras el Muro suena cada vez más alto. La bola negra se ha colado por la tronera antes de tiempo, uno de los dos jugadores salta de alegría y el otro se retuerce de dolor. La pareja de fuego ha llegado al final de un encuentro de apenas dos minutos.
Creo que la camarera me pregunta que si voy a tomar algo más para evitar preguntar qué ha pasado en su ausencia. Señalo el ron del Capitán Morgan, sin hielo, doble.
Este lugar me va a gustar.

viernes, 27 de junio de 2008

Breve.-



Rayos de sol penetraban en la penumbra de la sala, rompiendo la oscuridad como brillantes dagas cristalinas. El viejo escritor octogenario pidió a gritos, con prisas y grandes ademanes, papel y pluma. ¡Ya lo tengo!, -gritaba-, ¡ya lo tengo!...
A todos sorprendió el ímpetu de su repentino despertar y corrieron, alborotados, torpemente, y sin rechistar para cumplir sus atropellados deseos.
Papel blanco inmaculado. Pluma amiga de viejos lances y grandes aventuras.
Con grandes esfuerzos, con esmero, con paciencia, a fuego lento, alcanzó a escribir un sencillo título: “Breve relato”. Tras lo cual y visto el esfuerzo, pensó en subrayar lo escrito y, mejor, continuar en otro momento.
Pero aquel despertar, traído por los rayos dorados de un abril cualquiera, traicionero, no eran otra cosa que el inevitable e ignominioso último suspiro. Cuando llega. Viene sin avisar, por derecho.
Corrió la tinta, en recto, bajo el título en aquel su último escrito.
Corrió como un ave hacia el cielo infinito. Aún no puedo olvidar cómo dejó a todos. Con las bocas entreabiertas, alelados y sin aliento. Con aquel título, “Breve relato”, su último escrito y sólo subrayado en recto.

El vecino del 4º


Posdata: la belleza de lo inacabado está presente en el arte, en el amor, en las revoluciones...

jueves, 19 de junio de 2008

Año 2369. Un mundo sin máquinas.




Muchas veces mi bisabuela me contó la gran sequía del año maldito. Aquello ocurrió allá por el año 2.043, debió de ser terrible. Fueron veinticinco años de sequía continuada, día tras día. La temperatura del planeta subió más de lo previsto, los dos polos se quedaron sin nada de hielo, dentro del cúmulo de desgracias esa fue, tal vez, el principio de nuestra salvación. Por un lado la sequía amenazaba seriamente con terminar con todos nosotros y fue, precisamente, el agua helada almacenada durante millones de años la que nos salvó del fin último. Comenzaron por todos lados las revueltas anti-energéticas, los comandos anti-polución se unieron. En realidad por lo que cuentan no hubo guerra, fue como si un extraño y súbito consenso se apoderara de todos ante la evidencia. El planeta respiraba sus últimos momentos o todos se ponían de acuerdo o nadie quedaría para contarlo.

Ahora han pasado demasiados años de todo aquello. Por lo que cuentan nuestra querida Tierra casi vuelve a ser como al principio, cuando se hablaba de aquel paraíso imaginario. Y sigue siendo el agua el elemento salvador. En Enero del 2.119 por casualidad se descubrió la energía que encierra una molécula de agua, mil veces superior a cualquiera otra energía conocida hasta entonces. Una simple ruptura en el hidrógeno y la subsiguiente subdivisión en cadena permite poner en funcionamiento a un litro de agua como potencial energético para mover una aeronave durante seis meses. El resultado de dicha liberación energética en términos de contaminación era aún más sorprendente. Contaminación cero. Si a este descubrimiento le añadimos que las energías eólicas y solares son hoy el 90% de nuestras fuentes fundamentales. Tenemos como resultado un mundo nuevo. Por cierto un mundo en el que hace más de 100 años que no existen fronteras, ni banderas, tenemos un solo idioma que cuentan lo inventaron varios niños en los refugios provisionales en tiempos de la gran sequía.

Hoy me he levantado como siempre feliz. Se que Haltz me ama, aunque es poco hablador. Siempre con su mirada distante hacia el horizonte. Poco expresivo. Pero sin duda ha sido mi mejor compañero, siempre fiel, siempre dispuesto a ayudar, muy romántico, detallista en exceso, jamás olvida nada. Trabajador incansable. Nunca le he visto enfurecerse. Amigo de sus amigos. Cumplidor con todas las leyes, tanto que a veces me exaspera. Un amante perfecto, puede estar toda una noche de orgasmo en orgasmo y apenas suda, apenas gime, en cambio mis gritos de placer creo que se escuchan más allá de Júpiter. Soy consciente que todas mis vecinas me envidian.

Pongo la radio para despejarme mientras tomo una infusión, salgo al porche de nuestra casa virtual con todo tipo de comodidades tan reales que no hay manera de notar la diferencia, otro avance que terminó con las odiosas grúas del pasado y el ruido de las obras que tanto enloqueció a la humanidad en aquellos tiempos. Quién podría haber soñado que un holograma tendría tanto, nos protegería del frío de la noche y del calor del verano.
Escucho atentamente una extraña noticia: “...según fuentes oficiales, acaba de descubrirse una serie de robots ilegales, humanoides perfectos, que fueron introducidos en el mercado de manera clandestina y a modo de prueba, el modelo es denominado K-2368, por ser su año de fabricación, aunque en principio su previsión de vida era de 150 años, un fallo interno ha puesto al descubierto toda la operación, los responsables se hallan en manos de la justicia. Rogamos nos ayuden a localizar los prototipos mencionados, la colaboración ciudadana en estos momentos se hace necesaria... En un mundo sin máquinas se hace necesario encontrarles cuanto antes para dar cumplimiento con la normativa”.

La noticia me hace saltar de la silla. La infusión se derrama sobre mi vestido pero apenas siento el calor sobre mi cuerpo, es mayor la confusión y los nervios. Voy a buscar a Haltz, por el camino empiezo a comprender algunas cosas. Nunca me dijo te quiero. Nunca hablaba de su pasado. Nunca parecía estar cansado, ni alterado, ni tener dudas, nunca enfermó, jamás le vi estornudar. Podía comer mucho o poco pero jamás engordó ni cien gramos.

Mis ojos se nublan de lágrimas, Haltz está frente al escritorio, inmóvil, frío como el mármol, encorvado en una posición extraña, como un viejo juguete inútil y olvidado de todos. Debió adivinar su final, sólo alcanzó a escribir una breve nota: “estaba programado para vivir toda la vida contigo, siento abandonarte, pero yo no he tenido nada que ver con esta decisión. Te quiero. Haltz”.

El día se envuelve en una fina lluvia que moja todos los campos del universo y cada rincón de mi alma. Lloro casi en silencio al compás del agua que siempre cae para salvarnos de todos nuestros errores.




Posdata: Este relato, puede que sólo intente ser un sincero homenaje a aquella película mítica “Blade Runner” de Ridley Scot.

martes, 10 de junio de 2008

Lua.-



Lúa, confiesa que has sido infiel muchas veces y que sigues sin arrepentirte de nada, eso te hará bien, no pasa nada, nunca pasa nada cuando no pasa nada nunca. A mi no me importa. Decídete ya, y verás qué calma obtienes. Toma una decisión ahora, y después vendrán todas las demás.
Esta mañana Lúa, te has levantado y sin ganas de nada, como una autómata, antes de hablar con nadie, te diriges a la ducha. El agua es de las pocas cosas que admites en días como éste. El tiempo que transcurre sin prisas bajo el agua es diferente. Al salir de la ducha, notas tu cuerpo con un cierto equilibrio pero las ideas aún dispersas. Te vas dando esa cremita hidratante tuya, o lo que sea que haya en ese bote de formas insinuantes, te frotas por todo el cuerpo con extremada delicadeza, sin que nada de lo que te rodea te preocupe en estos instantes.
Ahora estás peinada sin esmerarte demasiado, con ese pelo tan largo, tan rojizo y tan rizado pocas cosas se pueden hacer. Tú lo sabes y no pierdes el tiempo en minucias estéticas de ese tipo. Te colocas en un instante el amplio vestido de seda pintado a mano, luciendo todos los colores del arco iris; sobre tu inmensa melena leonada prendes caprichosamente unas cuantas y frágiles mariposas, artesanales, de corcho casi transparentes, ésas que sólo usas cuando estás como hoy. Según tú son las mariposas de la melancolía. También sueles decir que te ayudan a pensar cuando, sin saber qué hacer, estás frente a un cruce de caminos, repleto de enigmas y decisiones que tienes que tomar tú sola, o peor aún y dicho de otra manera, que si tú no decides deciden por ti. Entonces dejas de pensar y escuchas los consejos de tus mariposas. Las mariposas de la melancolía. No siempre aciertan en sus consejos, pero nunca les reprochas nada. Siempre vuelves a intentar escuchar sus consejos.
Ya te has puesto tus viejas y más que usadas sandalias de cuero a tiras. Pero siguen brillantes, huelen a esa cremita que utilizas al salir del baño; son los restos que quedaron en tus manos, una vieja costumbre que aprendiste de alguien al que no puedes, ni quieres ya recordar. Te doy la razón, no merece la pena. Sin pendientes, sin maquillaje, sin reloj, ni pulseras, ni anillos, hoy no es día para más añadidos inútiles y superfluos. Con las llaves en una mano y ese pequeño bolso en la otra. Tú bien sabes, Lúa , la envidia que les das a tus amigas. Un bolso que conjunta con tu vestido y que al colgarlo casi desaparece. ¡ Mi bolso mágico favorito!, sueles decir, y tú ríes, cuando surge la conversación tan a menudo. Por fin ya dispuesta, preparada, sin más cosas; para qué, cierras la puerta sin despedirte. Sin mirar atrás. El día de hoy no es el mejor de todos tus días pero tampoco es el primero así.
Vas caminando por una inmensa ciudad que sientes bajo tus pies, pero no creas que está contigo. Tampoco contra ti. Caminas sobre ella como podrías estar caminando sobre cualquier otro lugar. Poco a poco te rodea y te va envolviendo y tú continúas ignorándola. Ella por su parte no hace esfuerzos para que te acerques y la preguntes ¿Qué tal la mañana, querida ciudad?.

En las ciudades se camina distinto que en cualquier otro lugar. Las ciudades, hoy, son alfombras de sucio asfalto y no hay manera de olvidarlo, Lúa, por mucho que se empeñen en disfrazarlas de verdes aterciopelados, de modernos neones y de farolas centenarias. Pero eso ahora no te preocupa. Caminas sin rumbo, con desgana, con ese pelo todavía mojado que derrama aún gotas, sobre tu rastro incierto, creando un simulado y bello rocío a tus espaldas. Cualquier calle puede servirte para continuar, mientras en silencio tratas de escuchar las mariposas de la melancolía que nada nuevo te cuentan esta mañana.
Sin embargo y a pesar de todo, Lúa, sigues siendo mujer de costumbres. Comienzas a caminar con urgencia, buscando repentinamente, y a ciegas lo que notas que te falta. Es la hora del café. Has escapado con tantas prisas y podrías seguir andando hasta el infinito, cabizbaja, como ausente. Pero es la hora de la dosis de cafeína, con un buen zumo y algo dulce, por descontado. No puedes evitar tener que tomar una decisión. ¿En qué maldito bar me tomo yo ahora un café ?. Podrías cerrar los ojos y entrar en el primero que vieras. Podrías arrepentirte nada mas cruzar sus puertas y volver a salir huyendo sin rumbo fijo, una vez más. Podrías arrojar una moneda pero el azar no siempre resuelve las decisiones, sean o no importantes. Podrías preguntar y tal vez no te respondieran. No esperes respuesta de las mariposas, ellas no saben de granos tostados y molidos por las manos del criollo en tierras lejanas.
Siempre, lo más sencillo de todo Lúa, es dejarse llevar. Te has dejado llevar y esta vez te ha resultado. Ahora, al instante, hueles a café recién molido. Un olor que aparece en escena sin buscarlo. No serás selectiva ni extremadamente exquisita; tampoco hoy pedirás demasiado. Te conformas con seguir el rastro oloroso, casi a tientas. Como si una mano invisible te hubiera atrapado con delicadeza y te empujara amablemente. Y ahora te encuentras ahí, parada, frente a un viejo café sin nombre porque tú ni siquiera lo aprecias. Un superviviente anónimo en una ciudad desconocida, que ni te quiere ni te deja de querer. ¿Te odia tal vez?. ¿Te ignora?. No es lo que te preocupa en estos momentos, sin duda.
Estás ya cruzando sus puertas sin preguntarte nada mas, para qué. Sin sospechar lo mas mínimo, sin miedo, despreocupada e indiferente. Ante ti un viejo bar, tal vez distinto a todos los demás y tú sigues sin apreciarlo. Igual a otros tantos de cientos por los que pasaste antes. Pero distinto. Madera de roble, con marcas por doquier, sobada de más; objetos de alpaca diseminados, granito pulido añejo y un ambiente cargado con objetos, todos ellos fechados, enmarcados y que cuentan parte de nuestro pasado. Manteles de encaje y flores secas de colores. Bajo tus pies mientras avanzas hacia la barra. No tienes otra posibilidad, el suelo cruje con alaridos de madera herida, tablas contra tablas que se abrazan para tratar de protegerse de tanto cliente insensible o distraído que las pisotean a diario. Pero tú sólo piensas en no tener que pedir otra cucharilla, deseas que esta vez no se te caiga al suelo, es uno de tus defectos más habituales. Sueles decir que tienes todos los defectos del mundo, y una sola virtud: la de saber reconocerlos todos y cada uno; la mayoría de las veces a tiempo. Esa humilde y sincera verdad siempre te acompaña porque así lo quieres tú. Lúa.
Ahora, ha llegado el momento de tus primeras palabras esta mañana. Ves un camarero, pajarita en cuello que le baila, paño en ristre, seguramente con tantos recuerdos como el viejo local, que mima cada vaso como a su primera novia. No te importa que su mirada pueda parecerte lasciva, es tan mayor que ya ni tendrá recuerdos libidinosos. Cara aguzada y reseca, tiene algunas escamas como las de un viejo lagarto. Nariz aguileña mozárabe. Planta estirada, de pellejos colgantes, fláccidos y arrugados. No tiene grasa ni siquiera en la suela de sus zapatos, aunque no alcances a verlos. No termina los afeitados como antaño. Sin duda teme a sus manos temblorosas. Hay un reguero de pelos diseminados por su barbilla que así lo atestiguan. Su aspecto no te impresiona porque tú has entrado a lo tuyo y nada más. Te lanza un seco y cortante “¿Qué va a ser señorita?”. Deseas un desayuno señorial, un desayuno VIP, que te mime, con vaso de agua helada incluido. Sin preguntas, sin miradas, sin intromisiones de ningún tipo. Y después, un adiós ligero que la ciudad es grande y el día acaba de comenzar para ti. Pero terminas pidiendo un café solo, sin más. Lo demás sería un esfuerzo que no estás dispuesta a soportar, incluida la leche. No soportarías tener que decidir si caliente, templada o fría.
Qué otra cosa podrías hacer en este café solitario, casi en penumbra. Ante un viejo camarero, casi seguro que amargado y cascarrabias, que no sabes muy bien cuáles son sus intenciones. Derrotada por la situación, una vez más, como tantas otras. Te alejas hacia una mesa lejos de la barra. Das la espalda y no te tiembla el pulso pero no estás orgullosa por lo que acabas de hacer. Te retiras en silencio, hoy de poco te sirven las mariposas que silenciosas parecen querer esconderse en tu pelo ya enredado, como siempre.
Amargo café en la penumbra más silenciosa. Y tú sigues con el pelo húmedo. Sigues siendo la misma de ayer, y sin embargo, tan diferente. Lo tomas de un solo trago como aquel viejo aceite de ricino pero sigues echando algo de menos en estos momentos. Tú también dices muchas veces que lo tuyo con el tabaco no es vicio. Es saber escoger el momento. Y ahora necesitas una de esas profundas caladas para tragarte todo lo que no eres capaz de decidir. Sólo fumas uno al día. Desde hace tiempo. Sin una costumbre fija. Siempre acabas escogiendo ese dichoso momento. Ahora toca uno. Tu mano se desliza hacia el bolso pero sabes que nunca llevas encendedor, y un sólo cigarrillo porque no te fías demasiado de ti. Eso forma parte de tu trato personal. Tu compromiso secreto contigo misma. Eres consciente de que no te levantarás a la barra a pedir fuego y eso hace que te revuelvas en la silla sin demasiados aspavientos. Hoy tampoco quieres llamar la atención.
Para tu sorpresa, antes de que sientas perdida una nueva batalla silenciosa. Cerca de ti escuchas un sonido familiar. Suave, con ligero ritmo y que identificas con facilidad. Alguien golpea con celeridad el teclado de un portátil en una mesa no muy lejana. No pedirías fuego hoy a nadie pero sabes bien que tus movimientos te han delatado por mucho que ahora trates de disimularlo, inútilmente.
Ves el humo que me rodea, tus ojos siguen su recorrido pidiendo a gritos ayuda. Nuestras miradas se han cruzado sin querer y no puedes evitar verme. Apenas puedo creer que no me hayas visto antes, pero yo también tengo ahora bastante con lo mío. Mi cortesía llega hasta ofrecerte, desde la distancia, mi encendedor de plata, pero tendrás que venir a mi mesa. Piensas que por hoy ha sido suficiente. Te levantas, esbozas una sonrisa artificial de cumplido y te acercas. Un desconocido te dará fuego y punto. Estas tan segura que sólo quieres inhalar un poco de humo, sin más. Veo cómo te acercas. Para mí, en estos momentos ni eres una mujer ni nada, tus curvas femeninas y más que apetecibles, pasan desapercibidas para mí, tu aspecto radiante, esa despreocupación tan colocada. Sin embargo, ahora para mí eres alguien, sólo alguien, sólo veo una persona, sin sexo, que se acerca a mí; le hago un favor simple y la cortesía parece que ha funcionado, una vez más.
Llegas en un segundo, atrapas tu deseado fuego y lo enciendes. Estamos a escasos centímetros, y al cruzar nuestras miradas, ocurre. Es ahora. Sin pensármelo te suelto a quemarropa que yo me encenderé otro . ¡Qué diablos !. Comienzo a pedir disculpas por mis modales. Nos presentamos. No tienes tiempo de reaccionar, y sin darte cuenta lo has consentido. Hoy tengo la impresión que te vas a saltar la norma con tu cigarro diario. Veo como miras, de reojo, mi cajetilla sobre la mesa. He tenido un día de los que se denominan “siniestro total”. Llevo un año trabajando para un asunto muy importante. Y hoy, en una hora de reunión con cuatro yupis me han destrozado el trabajo de cientos de horas. Se han permitido el lujo, además, de concederme media hora para que revise el maldito proyecto de fusión. Estos imbéciles se creen que soy otro yupi más, de los del montón. Se creen que estoy en estos momentos dándole vueltas a mi trabajo. Desesperado por el fracaso y el miedo al futuro. Estos no se enteran de nada. Mira Lúa, ahora que nos conocemos. ¿ Sabes lo que estoy haciendo ahora?. He abierto mi carpeta de documentos. Mis documentos, no el informe maldito. Y estoy escribiendo un poema. Sólo eso. Es lo único que pienso hacer en esta media hora. Y cuando vuelva a esa oficina, dentro de unos minutos, acabaré con ellos.

Noto que no te has asustado. No has salido corriendo. He estado demasiado impulsivo, un tanto agresivo si quieres. Pero no he podido evitarlo. Veo cómo te acercas y lees con atención mi poema, aún sin terminar. Tus gestos del rostro, el brillo de tus ojos, por cómo mueves tu cuerpo, me dice que te está gustando. Vuelves a retorcerte ligeramente, esta vez, asintiendo y con suavidad. Sigo de impulso en impulso. Me lanzo sobre las teclas y antes de que apartes tu mirada estás dentro del poema. Para siempre. No me sorprende nada que lo hayas aceptado de buen grado. No hemos podido evitar cruzar nuestras manos en muestra de agradecimiento. El frió gélido de tu mano no puede apagar el fuego y la furia de la mía. Pero hay algo que me dice que seremos amantes para siempre.

Para Lúa, cuando sea, será.
8 de Abril de 1992.



Posdata, tal vez un poco extensa, para tí, Lúa :

Varias cosas.
Si lees esta carta, que te entregará nuestro camarero favorito, ese viejo cascarrabias que no tiene edad, me gustaría que no volvieras a este café nunca más. Yo no podré hacerlo. ¿ Sabes... no?. No podré volver a este café ni a ningún otro, nunca más. Llevo meses ocultándotelo, te agradezco que no te dieras por enterada. Ha sido lo mejor.
Más cosas. Por cierto, aquel primer día volví a la reunión. Gané la partida. Acabé siendo el presidente de la empresa que se fusionaba al día siguiente. Es la que está enfrente, mira por la ventana. Cuando acabó la reunión volví aquí y escribí lo que supuse que nos había pasado aquel día del 8 de Abril lejano. Como habrás leído ya. Pero con el tiempo, el poder, la presión y la soledad me han derrotado. Para colmo la enfermedad ha hecho el resto.
Más cosas. Te agradezco que hayas sido mi amante durante todo este tiempo. Nunca supimos nada el uno del otro de nuestros pasados. No hubo necesidad de compromisos, de pactos en el aire, de largas explicaciones inútiles. Un día al mes en este café durante los últimos diez años. Sin preguntas. Sin mentiras. Sin verdades. Se que no nos debemos nada. Tú con tu soledad y yo con la mía. Pero nos amamos tanto... Sin embargo cuando un yupi rico muere, muere en solitario. Alguien tiene que ser su heredero. Nada está sujeto al azar entre nosotros. Es nuestro trabajo. Para cuando te haces rico, estás tan solo que no sabes ni qué hacer con el dinero ni a quién dejárselo. Ahora tú, Lúa, tienes todo lo que no he sabido saborear. Seguramente lo primero que pensarás es en romper esta carta. Lo sé. También pensarás que te estoy tomando el pelo. Cruza la calle y pronuncia tu nombre. Mis empleados te están esperando. No te molestes en renunciar al regalo. No es posible. Legalmente todo está controlado. Tienen todas las instrucciones.
Para terminar. Te estaré esperando eternamente si es que eso es posible. Me gustaría, además de poder creerlo, que realmente ocurriera. Pero mientras tanto busca otro poeta y procura que esta vez no sea yupi.
Lúa, sé feliz, para tí... por los dos.


19 de Agosto del 2.002

El vecino del 4º


Sin comentarios, esta vez también espero los vuestros.

Besos desde el otro lado de la luna.

Desde el otro lado de la ventana.

sábado, 24 de mayo de 2008

Tiempo perdido.-




Hoy el sol luce como a mí me gusta. Entra por la ventana al salón tímidamente, de esos días en que te da en la cara con una suavidad extrema, un calor templado y acogedor. Sentado en suelo de madera, en el centro de mi pequeño salón, he cerrado los ojos y me he dispuesto a permanecer unos instantes si ninguna otra ocupación. Sospecho que mis plantas también están disfrutando este instante, tanto como yo. Si dejas que tu imaginación se dispare el sol te acuna y acaricia de una manera muy especial, la imaginación no tarda en saltar y alejarse de ti. Un leve sonido me distrae y me devuelve de alguna parte lejana. Es la puerta. Alguien golpea con los nudillos con delicadeza. Hace años que nadie llama así a mi puerta. Alguna vez he llegado a soñar que el timbre se avería y que jamás lo vuelvo a reponer.

Sin prisas, como si flotara me dirijo, con intriga, a recibir a quien sea.

- Buenos días hijo. No nos conocemos de nada, han pasado demasiados años, pero me he decidido a volver al origen. Me gustaría contarte algunas cosas.

Es evidente que no es mi padre. Un desconocido anciano delante de mí está contándome algo que apenas entiendo. Rostro surcado por cientos de arrugas, un cabello largo y blanquecido, tiene una pequeña trenza de la que cuelga una delicada pluma, un cuerpo delgado. Limpio, huele a primavera. Es como si llevara su casa a cuestas. Una vieja mochila, intuyo que en una funda transporta algún tipo de instrumento musical, podría ser una flauta travesera o un clarinete. No se.

- Pase. Permítame que le invite una taza de té. Estará más cómodo.
- No me atrevo aún a pasar. Si no te importa dejaré mis cosas en el suelo. Hablaremos y tomaré esa infusión aquí en la entrada. Antes los vecinos hablamos mucho en el rellano. Era una vieja costumbre que casi se ha perdido.
- Como usted quiera.

Estuvo unos veinte minutos, más o menos, en su primera visita. Hace más de 60 años, pude deducir que había sido el primer habitante de mi piso. Por fin pude conocerle. Me contó que sólo vivió tres meses. Fue músico de la orquesta nacional. Debió de tener una historia apasionante de amor con una soprano de fama, no quiso revelarme su nombre. Este piso fue su nido de amor. Me aseguró que en él sólo había una cama. Ellos dos y cientos de partituras. Todas para viento, al fin pude confirmar que era una travesera.
Cuando intentaba contarme alguna cosa más, su voz se quebró. Sus ojos se volvieron vidriosos, le comenzaron a temblar ligeramente los dedos de las manos.

- Sabía que no estaba preparado. Pero tenía que intentarlo. Gracias joven. Cuando me encuentre más entero volveré. Te lo contaré todo. Alguien tiene que conocer cuanto amor, pasión y locura se pudieron reunir en este lugar. Siempre sentí que estas cuatro paredes tenían una magia especial.
- Puede volver cuando lo desee. Mi puerta siempre está abierta.

Desde aquel día, sé que volverá. Creo que también comencé a comprender algunas cosas, que en ocasiones no tenían mucho sentido. Cuando me quedo dormido leyendo algunos relatos o revisando viejos poemas, cuando me despierto en la oscura y silenciosa madrugada y el sonido de una flauta delicada suena, es como si algunas cosas comenzaran a encajar. Algunos de mis poemas parece que cobran sentido. Mis relatos parecen tener un dirección trazada entre la imaginación y el pasado. A veces no puedo evitar escribir versos sobre partituras en blanco.

Pasados unos meses, sin buscar, en el mismo salón, tuve que reponer una de las tablas del viejo parqué. Encontré un sobre con una nota escueta que decía: “Amor, tengo que marchar, dejo la música, y tus cálidos labios para siempre. Tu marido nos ha descubierto. Si no me voy te matará primero a ti y después me buscará a mí. Mi vida no me preocupa, pero tú has de ser infinita. No puedo ponerte en peligro. Vive eternamente sabiendo que nadie poseerá mi corazón”. Una borrosa fecha del siglo pasado. A la que seguramente ella, añadió estas otras palabras: “Te amo. Te esperaré al otro lado de los sueños. Al otro lado del universo.”

Sé que vendrá de nuevo. Sé que pasará hasta el salón y leerá esta nota. Espero que el tiempo perdido le devuelva al pasado.


El vecino del 4º

24 de Mayo 2.008

martes, 13 de mayo de 2008

Vuelos en el horizonte.-




Puede que desde mi piso alguien piense que no es posible ver el mundo entero. Puede. No me preocupa. Hay cosas que si se explican pierden su sentido, y si intentas aclararlas con más detalles, es aún peor. Puede que sin salir se salga, puede incluso que sin entrar se esté siempre encerrado en el mismo lugar.
Yo, desde aquí, llevo un tiempo observándola. La noche que va a salir, mucho antes va preparándolo todo. Ya por la mañana hace ejercicio, estiramientos, calienta antes de salir, se coloca su cinta para el pelo, malla negra sin brillos, zapatillas cómodas, camiseta vieja y salpicada, de esas que usas cuando te atreves a pintar tu cuarto de varios colores. Corre por el barrio, sin prisas, ni cronometra, ni busca medallas. Cuando vuelve, toca un largo baño con sus sales preferidas. Al salir del baño, té con canela y limón, tampoco faltan unas pastas caseras. Mira por la ventana al infinito como si supiera lo que pasará horas más tardes, soplando sin prisas sobre tu taza humeante, en esa noche esperada. Toda la tarde suena Bach a un volumen importante. La pasión.

Con todos estos indicios, ya sé que esta noche va a salir. La veo acercarse a su ventana, una ventana de dos hojas, de madera, ya apenas se encuentran. Las abre como si acariciara su cuerpo. Mira al horizonte como si fueran los labios de sus amantes. Despliega con delicadeza y ternura sus blancas y aterciopeladas alas y en el más absoluto de los silencios y discreción, ella vuela hacia quién sabe dónde. Vuela con una belleza extraordinaria, angelical.

Se marcha con un cuerpo que arde, con una mujer, bajo sus alas, que no pone límites a la lujuria, caza sus presas sin ser depredador, ama sin compromisos y en el sexo encuentra el discurso real más cercano a la utopía de la libertad. Alguna noche, no siempre, que logro verla volver con una de sus presas adormecida, me doy cuenta que estas cosas no siempre se pueden contar. Los deja caer sobre sus sábanas perfumadas con lavanda y romero. Ellos se despiertan sorprendidos pero apenas tienen tiempo para pensar. Ahora toca la danza de las caricias, la carrera de las búsquedas de los rincones secretos, el baile de los gemidos que se aceleran. Las pieles van marcándose sutilmente y los cuerpos se acompasan, movimientos, temperaturas y fluidos.

El sexo atropella las sombras y el tiempo parece eterno. Al fin quedan agotados, enredados los cuerpos, satisfechos e inmóviles.

Los he visto muchas veces, al día siguiente. Ellos se despiertan como si todo hubiera sido un sueño. Muchos además, como si en sus recuerdos algo hubiera quedado tatuado para siempre en su cerebro o en alguna otra parte, pocas palabras articulan con facilidad. Como si todo estuviera aún confuso. Pero hay una frase que muchas veces repiten.

- Aún no me has dicho como te llamas. Me has hecho volar en entre tus sábanas. Has sido un cielo. Pero ahora me toca volver al infierno . Llego tarde al trabajo. Te llamaré.
Ella les sella con su índice los labios, antes de que sigan divagando.

Sin duda, una nueva versión del ángel bíblico se ha puesto al día y anda por ahí suelto.
El vecino del 4º
Posdata: para cada sueño una utopía, para cada discurso un beso de fuego, pero mucho antes para todos, al menos, arroz, sal y azucar de sobra...

sábado, 3 de mayo de 2008

No sé cuándo.-



Tiene ojos de luna. Tiene ojos de luna y labios de mar. Llevo tres hojas rellenas de esta frase. No puedo escribir ninguna otra cosa. No puedo quitarmela de encima. No puedo apartarla de mis sueños. Tiene ojos de luna y labios como el mar de mis deseos más ocultos. Cada vez que me cruzo con alguien en las escaleras, en el ascensor en cualquier calleja. Siempre espero que sea ella. Cuando me despierto sobresaltado deseo que haya cruzado la puerta de pisín, en el 4º. Miro un vaso de agua para intentar olvidarlo todo. Son sus caderas las que se mueven como el agua. Son sus cabellos recien salidos de la ducha. Tiene ojos de luna. Garras de fuego y olor a madreselva por descubrir.

Saldré de estas cuatro paredes. Buscaré entre el asfalto. En el campo que estalla con este abril de aguas, flores y placeres sin control. Bajo con los ánimos por los suelos. He visto mil mujeres de ojos de luna que no eran ella.


El día es gris, lento , aunque también, curiosamente, primaveral. La noche puede que sea mágica e infinita. Al fondo, intuyo que queda algún poeta que se deja atrapar por los versos. Que se enrreda en besos imposibles. Que sustituye sueños por relatos. Cerraré mi ventana esperando un sueño imposible. Sus ojos de luna darán luz a mis presentimientos.-


El vecino del 4º.

jueves, 24 de abril de 2008

Me quieres?...



Sobre la furia de momentos atrás, el silencio bañó la noche perdida en una ciudad cada vez más pintada, de miles de colores, por los grafiteros del barrio, como si intentaran, inutilmente, tapar el gris sucio y urbano. Los amantes apenas se movían y entre sudores, ella al fin pudo balbucear entrecortadamente.


- Me quieres?...

- ...

- Por qué tardas tanto en contestarme?...

- Sí...te amo... como si jamás hubiera amado. Como si fuera mi primera vez. Jamás nadie me entregó tanto su cuerpo.

- Entonces?...me quieres?...

- Sí... te quiero.

- Por qué tardas tanto en contestarme pues?...


Cuando se ama como un animal, el tiempo deja de tener medida propia. Las palabras no siempre llegan a tiempo.


- Me crees?...

- Sí, pero necesito preguntartelo de vez en cuando. Y mirarte a los ojos. Y medir el tiempo de tu respuesta... Entonces?... me quieres?...

- Sí.

- Bésame, seré sólo tuya mientras me quieras. Aunque tardes en contestar.


El olor al último grafiti entra por la ventana sin llamar. Unas carreras precipitadas en el callejón y el sonido de unas sirenas, de fondo, anuncian como siempre que la policía no llega a tiempo. Un beso resuena entre las sombras mientras las dudas cabalgan sobre las nubes del firmamento, tal vez, hacia ninguna parte.


El vecino del 4º


Posdata: Ella sabe que él la ama. Él la ama más que a nada en este mundo. Pero ella necesita escuchar esa vieja y eterna cancioncilla...Él la canta como un viejo blus, lentamente...como si la canción no fuera con ellos...


lunes, 14 de abril de 2008

Hoy.-



Hay días en los que a todos nos cuesta trabajo levantarnos, ponernos en marcha. Hay días en los que sueñas con otro mundo, con otra vida. Hay días en los que todos tenemos un deseo oculto que no confesaremos jamás. Hay días óptimos para empezar cualquier revolución, y al día siguiente en cambio tienes unas ganas terribles de replegar velas, de retirarte de todo.

Hoy no quería nada especial, nada en particular, ningún pastel especial, ningún verso a la vista, ningún viaje en marcha. Ninguna historia que rescatar, nada que contar. Nada en exceso ni nada en falta. Un día sin perfil, sin intereses.

Con un día como este sólo se me ocurre una cosa. He escuchado que anda por la casa, sus pisadas son inconfundibles, el aroma a café y a pan tostado me confirma que anda descalza y de puntillas de aquí para allá. Por culpa de la primavera que emerge, escucho como estornuda en voz bajita para no molestar. Toseré yo, como si fuera una réplica a su estornudo. Será una llamada discreta.

Así ha sido, a su segundo estornudo mi tercer tosido ligero, un pequeño y discreto garraspeo. Ha aparecido en mi habitación.

-Vaya te has despertado. Sabes que no me gusta despertarte nunca. Veo que tienes los ojos tapados con aquel pañuelo de seda que me regalaste hace mil años. Hoy el día es radiante. Brilla el sol. Huele a primavera auque eso a mí me molesta, ya sabes. Pero veo que tú no quieres abrir los ojos al mundo.

Así es. No diré nada. Soñaré cada movimiento que quiero que ocurra, de ahora adelante. Y así será. Es divertido. Es un juego que siempre funciona. Yo sueño y ella es como si escuchara mis palabras invisibles.

Quiero que deje de hablar y comience a tararear esa melodía secreta para los dos.

- Naaaaanaaaa...naaaaa...mmmmm...naaaa-naaan....mmmmm.. Veo que quieres jugar al juego secreto...naaaa-naaaaaaa-mmmmmmm....

Quiero que deje caer toda su ropa sobre el suelo de mi refugio.

-Sabes qué hago??...eso que cae al suelo es todo lo que me quedaba encima...muy poco como has podido escuchar...

Quiero que se suba encima de mí. Que me secuestre, que impida que salga hoy de mis cuatro paredes. Quiero que sea más mala que nunca, más tierna, más delicada y más salvaje que cualquiera de mis sueños.

- Tu lo que necesitas hoy es quedarte todo el día en la camita, con los ojos cerrados. Bien atadito. Yo te daré todo cuanto necesitas. Necesitas la dulzura de la miel y la fuerza de la bestia que llevo dentro. Te retendré para mí. Te informo que eres mi prisionero oficial. No pediré por ti un rescate. Sólo voy a quedarme con tus deseos, con tus mejores sueños. Eres mío, sin remedio, sin concesiones.

Hoy va a ser un día sorprendente. El juego ha empezado.
El vecino del 4º
posdata: soñar es fácil...aunque sigo conociendo a gente que le parece imposible e innecesario...

miércoles, 2 de abril de 2008

Metro.-


El baja las escaleras del metro con una lentitud llamativa. El resto del mundo va una velocidad de vértigo. Nadie, ni si quiera le roza. Como si fuera flotando en un largo y lento sueño. Los demás se van golpeando entre sí, con las paredes y a veces incluso tropiezan torpemente. El parece ocupar un espacio invisible. En una de sus manos lleva el capuchón de la pluma estilográfica. Juguetea de una manera especial. Aprecia su textura y de vez en cuando se lo desliza por sus labios como si buscara . Su tacto es muy suave. Le recuerda algo muy especial. Ahora se fija en uno de los cordones de su capucha, termina en una pequeña bolita negra, golpea su pecho al ritmo de sus pasos. A la chica que camina delante de él, de repente se le salta uno de sus pendientes, pequeño, redondeado, con un brillo casi mágico.

Mientras espera un nuevo convoy, sólo falta un minuto, siempre falta un minuto que se hace eterno entre esas terribles miradas perdidas de metro. Observa un bolso de una mujer afro, cosido de pequeñas caracolitas, puntiagudas, apretadas unas contra otras, como si miraran al mundo diciendo aquí estamos nosotras. Veníamos del mar y ahora vivimos en la urbe. Ella es nuestra dueña pero no se ocupa demasiado de nosotras.
El minuto ha terminado, como siempre, los minutos acaban por pasar. Hacinado entre cuerpos y olores múltiples y pluricontinentales. De repente un tanto preocupado, encuentra cientos de objetos pequeños de similares características. Redondeados, puntiagudos, como si estuvieran vivos, como si le miraran sólo a él. Como si en el mundo, los objetos tomaran vida para decirle algo.

Enciende su Ipod, es hora de escuchar al viejo Dylan y algún blus mítico del siglo pasado.

El resto del día es como si no hubiera pasado nada. El trabajo es lo que tiene. Es una manera de tomarte un “kik-kat” de siete u ocho horas, a veces muchas más.
Ahora está de vuelta a casa. En ese minuto, de regreso, de todas las tardes. En su mano izquierda no deja de mover su pluma.

Cuando llega a casa sin saludar deja caer su mochila en la entrada del piso. Besa con un deseo diferente, mientras con uno de sus pies cierra la puerta.

- Vaya cariño...esto sí que es un beso especial. De los que te guardas para ocasiones especiales. Además quería contarte algo. Hoy llevo todo el día...bueno, no te diré nada, me da vergüenza...mira tu mismo...


Dejó caer su camisa al suelo. Sus pechos tersos, erectos, redondeados, con una temperatura más que templada.

- Mis pezones...están como cuando jugueteas durante mucho tiempo con ellos. Anda bésame otra vez. Por cierto???... qué tal el Metro???... Hubo retrasos hoy???...

La respuestas quedaron para otro momento. El beso duró más que un minuto. Le supo a miel, canela y menta.


El vecino del 4º.
posdata: puede resultar interesante el ejercicio... cierras los ojos y desde tu ventana ves el mundo entero, el infinito, incluso puedes llegar a notar bajo tus pies ese temblor cuando llega el siguiente metro...